Las instituciones de beneficiencia cuentan actualmente en Guatemala con toda la protección del gobierno. Asilos para niños, hospitales, lazaretos, casas de salud, reciben constante apoyo, como lo prueba el siguiente estado de fondos: Producido del año para beneficencia... 2.635.206,70 de pesos, suma de la cual se invirtieron pesos 2.553.705,72, quedando un saldo a favor de las instituciones, ascendente a... 81.500,98 de pesos. Con la suma invertida fueron atendidos en los establecimientos 15.974 enfermos, y recibieron cuidados 800 niños desvalidos. El día 21 de Agosto del año pasado se inauguró en Guatemala un importante edificio, la Casa de Maternidad, y comenzó a funcionar el 21 de Noviembre siguiente.
No he de terminar este artículo, que es un saludo a Guatemala en paz, en trabajo, y por consiguiente en progreso, sin aludir de modo especial a esa falange de poetas y pensadores que, en la historia intelectual del país, exaltan el nombre nacional y son lucida parte de la intelectualidad de nuestra América. Si en lo antiguo cuenta Guatemala con Landivar, con Fray Matías Córdova, en lo moderno puede gloriarse con los peregrinos ingenios de José Milla y Batres Montufar, con Isisarri, Agustín Gómez Carrillo, Fernando Cruz, los Diéguez, Montufar, Saravia, el malogrado Domingo Estrada y otros. Y en la actualidad con el eminente doctor Ortega, con D. Antonio Batres Jauregui, con Salazar, con Falla, con los insignes salvadoreños, a quienes Guatemala adoptara, Joaquín Méndez y Francisco Castañeda, con Enrique Gómez Carrillo y Tible Machado, cuyos nombres, célebre el uno en la literatura, brillante el otro en la diplomacia y en el periodismo, figuran en la prensa de Europa; con una juventud, en fin, que es florida corona de su renacimiento intelectual.
[ECUADOR]
Quien estas líneas escribe ha conocido personalmente a dos de los prohombres ecuatorianos que han tenido recientemente gran resonancia: el general Eloy Alfaro, que ha sucumbido tan trágicamente, y el general Leónidas Plaza. Tiene la idea de que ambos, conforme con sus pensares y decires, han tenido espíritus de patriotas. Han hablado del bien de su patria; han expuesto plataformas de libertad y de progreso. Han llegado al poder, y la revolución ha aparecido, latente o estallante. ¿Es la enfermedad endémica continental, apenas curada en los países grandes del Sur a fuerza de inmigración y de trabajo? El caso es que, ahora mismo, el cable comunica las noticias lamentables de ese país merecedor de situación más brillante.
Sabido es que el Ecuador, en su primitiva época independiente, formó parte del inmenso imperio que el conquistador Huaynacapac legó a sus hijos Huáscar y Atahualpa. Dejó al primero el Perú con las tierras meridionales hasta Chile, y a Atahualpa el Reino de Quito, como lo habían poseído sus abuelos, los Shiris. Pero la rivalidad entre los dos príncipes abrió una guerra desastrosa, en la cual estaban envueltos aquellos reinos cuando llegaron los conquistadores Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Sebastián de Benalcázar. Con la toma de Quito, el 6 de Diciembre de 1534, el antiguo reino de Quito pasó a poder de la Corona española. Hasta 1717 fué regido por un solo Virrey que residía en Lima; su virreinato comprendía las Audiencias de Panamá, Caracas, Santa Fe, Quito, Lima, Cuzco, Charcas, Santiago y Buenos Aires. Lo que hoy forma la República del Ecuador, fué constituído en 1564 con el nombre de Presidencia de Quito, siendo su primer Presidente D. Fernando de Santillán. El Virreinato del Nuevo Reino de Panamá fué fundado en 1717, y a éste perteneció desde entonces aquella Presidencia, hasta el 24 de Mayo de 1822 en que Sucre, vencedor en Pichincha, desposeyó al último Presidente, D. Melchor Aymerich. El Ecuador fué el país de la América española que dió primero el grito de independencia, y el 10 de Agosto de 1809 organizó la primera Junta Revolucionaria, bajo la presidencia del Marqués de Selva Alegre.