En amorosos días, como en Virgilio, ensaya,

Tu nombre ponga en la canción;

Y que la virgen náyade, cuando ese nombre escuche,

Con ansias y temores entre las linfas luche,

Llena de miedo y de pasión.

De noche, en la montaña, en la negra montaña

De las Visiones, pase gigante sombra extraña,

Sombra de un Sátiro espectral;

Que ella al centauro adusto con su grandeza asuste;

De una extra-humana flauta la melodía ajuste