Que verde techo presta al simulacro

Del Dios viril, que artífice de Atenas

En intacto pentélico labrara,

Un día alegre, al deslumbrar el mundo

La harmonía del carro de la Aurora,

Y en tanto que arrullaban sus ternezas

Dos nevadas palomas venusinas

Sobre rosal purpúreo y pintoresco,

Como Olímpica flor de gracia llena,

Vi el bello rostro de la rubia Eunice.