No más gallarda se encamina al templo

Canéfora gentil, ni más riente

Llega la musa a quien favor prodiga

El divino Sminteo, que mi amada

Al tender hacia mí sus tersos brazos.

* * * * *

Era la hora del supremo triunfo

Concedido a mis lágrimas y ofrendas

Por el poder de la celeste Cipris,

Y era el ritmo potente de mi sangre