gritos roncos, galopes raudos, ladrar de perros...
Era una trilla próxima, sobre el cordón de cerros.
Se veía la era, yeguas, los arriadores:
Guasos, mozos montados, con ponchos de colores.
Paróse. Dió unos cuantos pasos. Desperezóse,
enarcando los brazos con inocente goce.
La cabellera suelta, oscura, perfumada,
cubrió entonces sus hombros en sedosa cascada.
Hundió los ojos húmedos en la azul lejanía.
Luego, inconscientemente, despreocupada, fría,