El parisiense de París, como Jean de Paris, cuya crónica tradujese o modernizase Jean Moreas, que padecía gozosamente de parisitis, no admite comparación alguna. Apenas os reconocerá paridades retrocediendo en lo pasado, y si nombráis a Roma o Atenas, y esto con una clara condescendencia, y porque no puede haber celos posibles al tratarse de ciudades muertas. Mas los Londres, las Vienas, los Berlines y las Romas, no son admitidos sino como lugares secundarios. El «quien no ha visto a Sevilla, no ha visto maravilla» y el «ver Nápoles y morir», no hacen sino sonreir vagamente al verdadero parisiense de París.
S'il franchit la grande muraille,
S'il cocufie un mandarin,
Du peuple magot s'il se raille,
A Paris s'il revient grand train,
L'espoir qui le domine
C'est, chez son vieux portier,
De parler de la Chine
Aux badauds du quartier.