Nápoles danza. Nápoles ríe, Nápoles grita.
En vano al horizonte como un ara maldita,
siniestra espiral de humo rojo lanza el Vesubio,
el mar sereno y límpido, bajo el áureo diluvio
del sol, en una eterna fiesta de luz se agita.
Desde los verdiclaros jardines de la playa
y el pintoresco y loco viejo barrio de Chiaia
con sus rejas floridas que el aire azul engríe,
hasta el monte en que albea su vetusto castillo
y sus cincuenta iglesias llenas de falso brillo,