Sólo restos y rastros de la imperial prosapia:

el Foro, el Coliseo y la antigua Vía Apia,

uno que otro sepulcro desmoronado, informe,

y al caer el crepúsculo, tu columna trajana

parece, en el incendio de la atmósfera grana,

la cruz desmesurada de un sarcófago enorme.

Recomiendo a los buenos gustadores estos sonetos fervorosos de amor y de admiración por la gloriosa península. El de Nápoles:

Bacante poseída de embriaguez infinita,

bajo el beso del sol eternamente rubio,

del agua eternamente azul al suave efluvio,