Así, pues, quedamos en que en este libro no hay mucha risa ni sones de pandero, ni mucho contentamiento por estar sobre la tierra.

Nótase juntamente que entre asuntos de amor y de ensueño hay tendencia al himno civil, al vigor heroico, y amor e interés por el porvenir de nuestra gran patria americana. Junto a una «gema simbólica», dedicada a un poeta, hay un canto a Cuba, dedicado a la «memoria de Martí»; hay tendencias a lo exótico, al japonismo; hay obsesión sensual y carnal; hay el insaciable deseo baudeleriano de marchar siempre, de ir siempre lejos, aun fuera del mundo, Anywhere out of the World. Y de repente surge la serpiente bíblica, la dulce y terrible víbora femenina que, escrito está, ha de morder a todo hombre, y ella será, como es lógico e inevitable, «alma divina», «vaso de marfil», y toda la letanía.

Como el lírico yerra por tierras distintas, el encantador áspid habrá de renovarse, y ya acaecerá esto en París, ya en Méjico, ya en Nicaragua, ya en Bélgica, ya en Cuba. Y ello será de tal manera, que no es de extrañar que el corazón de un joven lleno de ilusiones y enfermo de poesía quede hecho una lástima. Se encuentra el consuelo de lo carnal, pero, ¡ay!, todos sabemos que la carne es triste...

Para distraerse un tanto en tales emergencias se van dejando madrigales en el camino. Se dicen decires y se cantan canciones, y luego está el gran arsenal de los recuerdos. Así nos sorprende Carrasquilla Mallarino rememorando, después de su querida parisiense, o flamenca o española, una sabanera de su tierra natal, y de la cual dirá:

Oh mi blanca sabanera

de pie desnudo y pequeño,

de porte franco y risueño

y vigorosa cadera;

oh, paloma tempranera

que diviniza el ensueño...