Desde el comienzo del libro se ve que el autor venera piadosamente la memoria paternal. Él estima y comprende la espiritual herencia.

Así dirá en uno de los poemas:

Hiciste de mi cuerpo una copa vibrante

para exprimir las uvas de tu viña sobrante;

y en el pretexto lírico de mi tiorba filial

ha seguido cantando lo que en ti fué inmortal.

Al comienzo de la existencia ha tenido que saber de las angustias y penalidades del mundo. Hay que comprender que en los días actuales René y Olompio, además de sus congojas interiores, tienen que soportar mayores ásperas luchas con la vida. En los intervalos de reposo este cantor ha sabido estar, como dice el verso inglés: «de día con su alma y de noche con su corazón».

In the day the mind,

in the night the heart.

Los hombres de la semiciencia hablarán de una precoz neurosis; pero esto no es culpa de quien, desde los comienzos de su aurora, se siente vibrar al soplo de ráfagas combativas. Nadie sufre por gusto, y esa cosa misteriosa que se llama la fatalidad no usa de farsas. Fijémonos en que cada uno de nosotros lleva envuelta su vida en un formidable misterio.