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Mas fulge en nuestra América una aurora divina
—Helios en campo blanco y entre franjas de azur—
gloriosamente noble: Es el sol de Argentina.
Es la flor de la raza que ha nacido en el Sur.
Desplegado en el cielo con que se viste el Ande
—azul y blanco y fuerte el gayo pabellón—
ha de ser en la historia como ninguno grande
porque inicia un abrazo de confederación.
Grande porque de Anahuac y Cuba hacia el Estrecho