de las «infamias duras y de los vientos largos»,
con precio a la vergüenza y a la debilidad.
Que ya no hay Robespierres ni Dantones en Galia,
que Fallières va a Britania y que el Emperador
de los bigotes clásicos sonríe... Y que la Italia
recibe dulcemente a Roosevelt «cazador».
Que España, bisabuela de glorias y blasones,
sobre cuyos dominios brilló el sol de Josué,
ya no tiene castillos de ultramar ni pendones,
ni Felipe II, ni corajes de fe.