«Do you think so?»
«Indeed I do.»
Así hablan. Y luego, con la inocencia natural, tratan de fabricar un nido. Y el nido se hace, no en la casa de la escuela, no en la torre de la iglesia, sino en un árbol, junto a otros árboles que tienen otros pájaros. Y luego se sabe que de los huevos salen los pajaritos. Así, cuando una tarde vuelve Billie a su nido, encuentra, de cuatro huevos, cuatro pajaritos that just could call him papa. Y tuvo mucho contento en su corazón.
En Mrs. Lyon's party animales diversos parlan como en las antiguas fábulas. Tal se expresan las ocurrencias de Mr. Fox, de Mr. y Mrs. Bull, de Mr. Ox, de Mr. Rhinoceros, de Mr. Tiger, del siempre ilustre Mr. Ass. Es una variante ingeniosa del famoso cuento de los Músicos de Bremen.
El narrador pone también su lección histórica en la amenidad del divertimiento. De este modo en The galleon trata de la antigua ciudad de Cartagena de Indias, grata al poeta Heredia. Y cuenta de sus cuarenta y ocho fortalezas, llenas de cañones y de su hermosa bahía. Y dice de los buenos españoles del descubrimiento y de los rapaces que les robaban a los indios sus oros y sus piedras ricas. «Those Indians had a great deal of gold in different shapes, bracelets, breast-plates and queer looking little dolls. The Spaniards robbed the Indians of all their gold. The Indians also had a good deal of silver and quite a number of emeralds all of which were taken away from them by the Spaniards». Y así fueron las cosas, como lo sabe muy bien Sonny. Y se cuenta de los galeones que iban cargados con grandes riquezas que los gobernadores españoles enviaban para los reyes de España. Y de cuando en cuando aparecían en el mar unas tropas de piratas, de aquellos bravos piratas cuya historia ha contado Oexmelin en su rara historia de la piratería. Y de los combates de las gentes del rey con los piratas. Y de un gran galeón de tres palos que iba a traer a los monarcas de Madrid el oro, la plata, las esmeraldas y las perlas que estaban en Cartagena de Indias. Y cómo ese barco regio debía también cargar muchos productos de la tierra ardiente, plátanos o bananas, cocos, ñames, mandioca, piñas, pájaros parlantes y otras cosas más que eran de maravillar a los hombres europeos. Y cómo el mar se alborotó y hubo naufragio. Y el mar se tragó el tesoro, que han querido después buscar los buscadores de tesoros. Y el tesoro está en el mar Caribe, entre Cartagena de Indias y la isla Trinidad.
Y la otra narración refiere How the chimp family went to town. Y son sucedidos muy graciosos, pues se trata de una familia de monos o niños. Y hay que ver a los monitos cómo los pinta la ilustradora Dorothy Furniss, que tiene de los intencionados animalistas ingleses y que agradaría a Benjamín Rabier. Y para concluir está una historia como para escrita en versos; porque tiene tanto de poesía que hasta en el comienzo de esta narración, que está hecha para un niño, parece dicha en un inglés de verso: «This is the story of the Prince who covered his body with golden dust—in a far off land, in a far off day—whom the Spaniards called «El Dorado».
«And this is the story of the Great Cataract that even to-day, in that distant land, rushes and thunders, in memory of what took place long, long ago». Y es la historia de «El Dorado» con toda su primitiva belleza. La historia del pueblo Chibcha, de ese pueblo tan fabuloso como el de los antiguos troyanos, y tan real como ellos, pues en el Museo de Madrid se pueden admirar sus mitras de oro, sus máscaras de oro, sus mil cosas de oro, pues «El Dorado», que cubría su cuerpo desnudo con polvo de oro, era como el dios viviente del oro. Y parece Bochica, el gran dios de los indios chibchas, que tiene cetro jupiterino y a quien sus adoradores, si hubiesen sabido latín, hubieran aplicado el horaciano:
Cuelo tonantum credidimus jovem Regnare...
Y es admirable la tradición del Cacique Áureo, del dios primitivo y del Lago Místico. Sonny debió de quedar encantado. Y con él todos los niños que sepan inglés y lean el librito Tales to Sonny, de Santiago Pérez Triana.