miel de panales de abejas de oro.
Natural es que el romántico que hay en él, admire a Byron y le salude en un sonante soneto. Y lo que lleva de su raza en la sangre lo hemos de ver en tal ímpetu místico, con su reminiscencia de Don Gaspar:
...En tanto que en la tierra se despierta
el bronce herido a la oración llamando;
en tal evocación del poderío morisco para, a propósito de una atalaya, loar la espiritualidad cristiana; en ternuras familiares y religiosas; en discretas quejas melancólicas que son como ecos de amoríos pretéritos, en la obsesión de la cruz; en efusiones cordiales que no por ser dichas en un metro poeano que han difundido los modernos, parecen menos venir de tiradas calderonianas y de fogosas arias de los corifeos del romanticismo. En De Val está el trovador. No han llegado a él ni el uso ni el abuso, hoy tan comunes, de ciertos procedimientos de la nueva poesía castellana. Lo que ha escrito está conforme con el espíritu y los preceptos del glorioso parnaso nacional. Ello es cuestión de temperamento y de maneras personales de exteriorizar sus ideas estéticas. Yo ni le censuro ni le alabo. En todo caso, más bien le alabaría por haberse dado tal como es él.
Lo bueno es que se conserva siempre joven y lleno de actividad y entusiasmo para toda empresa generosa y en la cual se haya de rendir homenaje a Nuestra Señora la Belleza. Ese congreso universal de la poesía, hoy postergado para que se lleve a cabo bajo mejor plan, y que se verificará en la próxima primavera, cuando esté Valencia más rica de flores y de celestes luces, ese congreso ha sido idea de él, para honrar a la Poesía, y para hacer bien a los portaliras. La suya la tiene excelentemente cuidada, y ha de dar en tal concurso apolíneo nuevos y plausibles sones.
Rueda a América.
Salvador Rueda me dice en una carta... «te mando en estas palabras mi adiós, que quisiera dártelo con los brazos. A Canarias, y después a Cuba: un viaje íntimo, pacífico, delectación espiritual purísima».
Salvador Rueda, ya lo sabéis, es un gran poeta. ¡Es el último poeta lírico, sacerdotal y natural que hoy existe en todo el mundo! Es decir, el que siente que él es Eso, y que eso es su sagrada misión sobre la faz de la tierra. Él ha dicho muy líricamente y muy exaltadamente lo que piensa de su destino órfico, en la revista Poesía, que publica en Milán el fundador del Futurismo, señor Marinetti. Salvador Rueda deseaba desde hace tiempo ir a América. Ir sencillamente, simplemente, como poeta lírico. Aun me invitó para que hiciésemos juntos ese viaje fabuloso. Yo me atreví a decirle que no fuera a Buenos Aires. Le indiqué, por su bien, que de hacer el viaje se apresurase a hacerlo a algunas de nuestras repúblicas tropicales, porque, aun por allá mismo