VII
Femeninas, Epitalamio, Cenizas, fueron la primera floración en el jardín de este gran señor de letras. Se dirá de reminiscencias extranjeras—por lo de la forma—, mas nunca del modo que se le ha señalado a D'Annunzio. Valle Inclán ha sido d'annunziano en alguna de las sonatas—cuestión de orden y contrapunto verbal, y hasta dandismo, porque era el momento, y, cuando cantan los ruiseñores, les llevan y les modulizan el canto los vientos que vienen de todas partes. Para esto, ver lo que últimamente ha dicho uno de los superiores, un gran poeta y de los más conscientes y firmes de saber, el catalán Marquina, a quien si alguna vez le ha faltado algún don—siendo con todo de los excelentes—y hablo ahora en cuanto a crítico—, es el don de la diferenciación.
VIII
Las Sonatas, que hoy, por primera vez, van a hacerse conocer en Europa, son ejecuciones primigenias de Valle Inclán. Bravas ideas y aventuras sentimentales dichas en exquisitas maneras. La demostración, en los primeros momentos, de nuestra lucha hispanoamericana por representarnos ante el mundo como concurrentes a una idea universal—Idea, no Moda—que comenzaba a llenar de una nueva ilusión o realización de belleza, todo lo que entonces pensaba altamente en la tierra. En ello hay el anhelo de la novedad—y de antigüedad—que caracterizó a los Nuevos. Que mañana seremos Viejos. Pero él va fecundando. Y las Sonatas de las cuatro estaciones tendrán una repercusión incomparable en la historia de las letras castellanas. Poniendo su escenario en tierras distintas, como los capitanes de antes su bandera y sus proezas, en que hacían tan soberbiamente drama o novela, él cierra, en un momento, ese zodiacal cielo y va a hacer otra cosa.
IX
Entonces vienen las Comedias Bárbaras—que tienen únicamente, y todo relativo, algún parentesco con los poemas del olímpico francés y con las odas del poderoso italiano—. Bárbaro, en esta extensión de la palabra, es lo que en expresión, simbolismo o manera de ser, representa una mentalidad medioeval, ásperamente expresiva, invasora y gótica; popular en lo del fondo del corazón del pueblo: feudal, caballeresca, burgrave, mística, llena de conocimientos o suposiciones milenarios, y al mismo tiempo ingenua, pagana en lo mucho que de paganismo tenía la Edad Media: con el sentido de la Fatalidad que había en tiempos de pestes extrañas y fulminantes que supiera comprender un Edgar Poe; y de peregrinos con sus conchas en las caperuzas; y de leprosos que para atraer o alejar al viandante, tocaban sus esquilas en los caminos, mientras todo el orbe, desde el montículo papal, temblaba por el advenimiento de lo Extraordinario.
Como Galicia ha sido una de las regiones santuarios del mundo, tiene una infinidad de infinito flotante y de religiosidad imperante en que podía bien anclar este fundamental artista. Todo eso legendario de Compostela, todas las sendas de fe, que han ido abriendo generaciones de generaciones por siglos de siglos: todo el creer de la labriega que sabe los decires de las brujas, las apariciones particulares o numerosas; el hablar de las piedras para quien las entiende, como el de los árboles en la sombra para quien los oye; todo lo que la circunstante naturaleza tiene en esa región de España, está en la obra de Valle Inclán. Pero, y aquí viene mi cita de Shakespeare, adquiere por la virtud genial, una expansión absoluta. Y el marqués de Bradomín se irá por todas partes, sin marca de fábrica francesa o sin estampilla escandinava, y respirando con más placer y dignidad, antes que los perfumes forasteros, los del gran botafumeiro de su catedral.
X
Ahora empieza la serie de los cruzados de la causa. Novelas carlistas. No hay nada comparable sino los chouanorias de Barbey. No he visto más adorable Cervantes, sin esperar nada del palacio veneciano de Loredán y del apartamento de París. Él cree, él ve la epopeya, que lo fué, estupenda, en aquel encuentro largo de leones, de una y otra parte. Él cree, y principalmente, sabe, porque está documentado como en todo. Es esta una campaña de ideal de que no se han dado cuenta aquí. El viejo e ilustre Galdós debía haber hablado ya y decir quién viene después de él. No para dejarse devorar, como en ciertas tribus, sino para que se le respetase más.