quitan la olla y se la llevan

a la orilla de un arroyo

que corre por allí cerca.

Después arriman los yugos

y muy alegres se sientan:

dan dos besos cariñosos

a sus chulas, las botellas,

que en el amplio vientre guardan

el contrabando, o el «nétar»,

con que el Supremo Gobierno