mentiroso y poca pena;

¡pero, hombre! al rato ya estaba

sano de pieses y lengua.

—¡Ese jué milagro grande!

—¡Un milagro de de veras!

—¿Y los puros?

—¡Pero ni uno!

—¿Y la cusasa?

—¡Ni señas!

—¿Se la atoyaría el dijunto?