—Pero yo... pero vosotros... pero toda la Selva sabe que Shere Khan mata hombres dos y tres veces en lo que dura una misma luna.
—«Así es. Entonces ataca por la espalda y vuelve la cabeza al saltar, porque está lleno de miedo... Si el Hombre llegara á mirarlo, el tigre echaría á correr. Pero durante la noche que es suya va á cara descubierta hacia el pueblo, se pasea entre las filas de casas y asoma la cabeza á las puertas, y los hombres caen entonces de cara al suelo y allí es dónde y cuando mata él. Una muerte durante aquella noche».
—¡Ah! dijo entre sí Mowgli, revolcándose en el agua. Ahora comprendo por qué Shere Khan me retó á que le mirara. No ganó mucho con ello, porque no pudo resistir mi mirada, y... y yo la verdad es que no caí á sus pies. Pero hay que tener en cuenta que yo no soy un hombre, pues pertenezco al Pueblo Libre.
—¡Je! exclamó Bagheera desde lo más profundo de su garganta. ¿Sabe el tigre cual es su noche?
—«Nunca hasta que el Chacal de la Luna brilla claramente, elevándose por encima de la niebla vespertina. Cae á veces en la sequía del verano y á veces en la época de las lluvias... esa noche del tigre. Pero, á no ser por el primero, nunca hubiera ocurrido nada de eso, ni ninguno de nosotros hubiera conocido el miedo».
Gimió tristemente el ciervo, y los labios de Bagheera se movieron para sonreir con una sonrisa irónica.
—¿Saben los hombres este cuento? preguntó.
—«Nadie lo sabía más que los tigres, y nosotros, los elefantes... los hijos de Tha. Ahora ya lo sabéis, también, todos los que estáis por ahí en las lagunas. He dicho.»
Hundió Hathi la trompa en el agua, como demostrando que no quería hablar más.
—Pero... pero... pero... dijo Mowgli, volviéndose hacia Baloo, ¿por qué el primer tigre no siguió comiendo yerba, hojas y árboles? Después de todo, no hizo más que romperle el pescuezo al gamo: no lo devoró. ¿Qué es lo que le hizo aficionarse á comer carne caliente?