Cuando estaba ya al pie de la colina gritó, nuevamente, con fuerza:

—¡Buena suerte en el nuevo rastro que sigues, Dueño de la Selva! Acuérdate de que Bagheera te quería.

—Ya lo has oido, dijo Baloo. No hay más: vete ahora. Pero antes acércateme, ven, Ranita Sabia.

—Siempre cuesta el mudar de piel, observó Kaa mientras Mowgli sollozaba largo rato, puesta la cabeza sobre el costado del oso ciego y anudados los brazos á su cuello, mientras Baloo intentaba débilmente lamerle los pies.

—Las estrellas se apagan, dijo el Hermano Gris, olfateando el viento del alba. ¿Dónde dormiremos hoy? Porque desde ahora vamos á seguir nuevas pistas.


Y aquí termina la última de las narraciones relativas á Mowgli.

La canción final

(He aquí la canción que Mowgli oyó resonar á su espalda mientras regresaba al hogar de Messua).