—También la Selva media es tuya, dijo Kaa. Ten en cuenta que no hablo en nombre de gente sin importancia.
—¡Hai-mai! hermanos míos, exclamó Mowgli, echando los brazos al aire y sollozando. ¡No sé ya lo que deseo! No quisiera irme, pero se me van los pies, contra mi voluntad. ¿Cómo podré renunciar á esas noches nuestras?
—Vamos, levanta los ojos, Hermanito, repuso Baloo. No hay aquí nada de que avergonzarse. Cuando hemos comido la miel es natural que abandonemos la colmena vacía.
—Una vez tirada la piel no solemos ponérnosla de nuevo, observó Kaa. Esa es la Ley.
—Escucha. Te quiero sobre todas las cosas, dijo Baloo; pero no hay palabra ni voluntad alguna que pueda detenerte aquí. ¡Levanta los ojos! ¿Quién se atrevería á hacer preguntas al Dueño de la Selva? Yo te ví jugando entre los blancos guijarros, ahí, un poco más lejos de donde estamos, cuando no eras más que un renacuajo, y Bagheera, que te rescató, pagando por tí un toro recién muerto, te vió también. De aquella inspección que se verificó entonces no quedan más testigos que nosotros dos, porque Raksha, tu madre adoptiva, murió, lo mismo que tu padre putativo; los lobos que antiguamente formaban la manada hace también mucho tiempo que murieron; tú sabes lo que fué de Shere Khan; y, en cuanto á Akela, murió entre los dholes, donde si no hubiera sido por tu habilidad y tu fuerza hubiera perecido también la segunda manada de Seeonee. Nada queda más que huesos viejos. No puede decirse ya que el Hombre-cachorro venga á pedirle permiso á su manada para marcharse, sino que ahora el Dueño de la Selva cambia de rastro. ¿Quién se atreve á preguntarle al Hombre la razón de lo que haga?
—Pero Bagheera y el toro que me rescató... dijo Mowgli. No quisiera...
Sus palabras fueron interrumpidas por un rugido y por el rumor de algo que caía en los matorrales vecinos, y un instante después, ligera, fuerte, terrible como de costumbre, apareció frente á él Bagheera.
—Por esto, dijo estirando una de sus patas que chorreaba sangre, no vine antes. La caza fué larga, pero ahí, entre las matas, queda muerto... Es un toro de dos años... el toro que te devuelve la libertad, Hermanito. Todas las deudas quedan ya pagadas. Por lo demás, yo no digo otra cosa que lo que Baloo diga.
Lamióle el pie á Mowgli y luego gritó, desapareciendo de un salto:
—Acuérdate de que Bagheera te quería.