Mowgli había intentado repetidas veces hacerse oir estirándole á Bagheera la piel del hombro y dándole fuertemente con los pies.

Cuando los dos le escucharon gritó á voz en cuello:

—De modo que yo tendré una tribu de mi propiedad y la dirigiré por entre las ramas durante todo el día.

—¿Qué nueva locura es ésa? ¿Ya estás haciendo castillos en el aire? dijo Bagheera.

—Sí, y le tiraré ramas y porquería al viejo Baloo, continuó diciendo Mowgli. Me lo han prometido. ¡Ah!

¡Woof! La gruesa pata de Baloo arrojó á Mowgli del sitio en que estaba sentado sobre la espalda de Bagheera, y desde el suelo donde, frente á sus patas delanteras, quedó tendido, pudo ver que el oso estaba incomodado.

—Mowgli, dijo Baloo, tú has hablado con los Bandar-log (el Pueblo de los Monos).

Mowgli miró á Bagheera para ver si la pantera se había incomodado también, y vió que los ojos de ésta tenían tan dura expresión como si fueran dos piedras de jade.

—Tú has estado con el Pueblo de los Monos... con los monos grises... el pueblo sin Ley... los que comen cuanto se les presenta. ¡Qué vergüenza!

—Cuando Baloo me hizo daño en la cabeza, dijo Mowgli que seguía aún tendido de espaldas, me marché, y entonces los monos grises bajaron de los árboles y se acercaron compadeciéndome. Nadie más que ellos me hizo caso. Y al decirlo, su voz se alteró un poco.