—No separes de mi hombro tu mano, murmuró Bagheera. No la separes, ó tendré que retroceder... tendré que ir á donde está Kaa. ¡Aah!
—Pero si no hace más que trazar círculos sobre el suelo, dijo Mowgli. Vámonos. Y los tres se escaparon por un boquete abierto en las murallas, dirigiéndose á la selva.
—¡Woof! dijo Baloo, al hallarse otra vez bajo los árboles. Nunca más buscaré á Kaa para aliada. Y sacudió todo su cuerpo.
—Sabe más que nosotros, dijo Bagheera temblando. Si llego á quedarme allí un rato más, voy á parar derecha á su garganta.
—Muchos serán los que á ella vayan á parar antes de que vuelva á salir la luna, dijo Baloo. ¡Bien va á cazar... á su modo!
—Pero ¿qué significaba todo aquello? preguntó Mowgli, que ignoraba el poder de fascinación que poseía Kaa. Yo no ví más que una enorme serpiente que trazaba círculos del modo más estúpido, hasta que quedamos en la obscuridad. Y tenía la nariz muy hinchada. ¡Jo! ¡Jo!
—Mowgli, díjole de muy mal humor Bagheera, si su nariz estaba hinchada, por tu culpa era, como, por tu culpa también, están mis orejas, mis costados, mis patas, y el cuello y hombros de Baloo llenos de mordiscos. Ni Baloo ni Bagheera podrán cazar á gusto en bastantes días.
—No importa, contestó Baloo, hemos recobrado al hombrecito.
—Cierto; pero nuestro tiempo nos cuesta, que hubiéramos podido emplear mucho mejor en una buena cacería; nuestras heridas; nuestro pelo (yo tengo medio pelada la espalda), y, finalmente, nuestra honra. Porque, acuérdate, Mowgli, de que yo, la pantera negra, me ví obligada á llamar en auxilio mío á Kaa, y Baloo y yo quedamos atontados como pajarillos al ver la Danza del Hambre, y todo eso, hombrecito, por haber ido tú á jugar con los Bandar-log.
—Es cierto, es cierto, dijo tristemente Mowgli. Soy un hombrecito muy malo, y aquí, en el estómago, siento la tristeza de haberlo sido.