—Ya te vemos, Kaa, se oyó.

—Bien. Ahora empieza la danza... la Danza del Hambre de Kaa. Estaos quietos y mirad.

Enroscóse dos ó tres veces en forma de enorme círculo, balanceando la cabeza de derecha á izquierda. Luego púsose á formar con el cuerpo óvalos y ochos, viscosos triángulos de vértices romos que se convertían en cuadrados y pentágonos, y torres hechas de anillos, no descansando un momento, no apresurándose nunca, ni cesando el zumbido de su canción especial. Fué oscureciendo más y más, hasta que, al fin, dejaron de verse las cambiantes ondulaciones de la serpiente; pero podía aún oirse el ruido que producían sus escamas.

Quedáronse parados Baloo y Bagheera como si de piedra fueran, lanzando sordos aullidos guturales, y erizados los pelos del cuello. Mowgli miraba sorprendido.

Bandar-log, dijo, al fin, Kaa, ¿podéis mover pie ni mano sin que yo os lo mande? ¡Hablad!

—Sin orden tuya no podemos, Kaa.

—¡Bien! Dad un paso. Acercaos.

Las hileras de monos se inclinaron, sin fuerzas ya, hacia adelante, y al propio tiempo que ellas, Baloo y Bagheera dieron también un paso inconscientemente.

—¡Más cerca! silbó Kaa, y todos se movieron de nuevo.

Puso Mowgli las manos sobre Baloo y Bagheera para apartarles de allí, y las dos enormes fieras echaron á andar como si despertaran de un sueño.