—¡Es cierto! ¡Es cierto! ¡Esa es la pura verdad! dijeron los viejos con ademanes de aprobación.

—¿Y todos vuestros cuentos son así: un tejido de embustes y de sueños? exclamó Mowgli. Ese tigre cojea porque cojo nació, como todo el mundo sabe. Venir á hablarnos de que el alma de un avaro se ha refugiado en el cuerpo de una fiera como ésa, que tiene menos valor que cualquier chacal, es completamente infantil.

Quedóse Buldeo mudo de sorpresa por un momento, y el jefe miró fijamente al muchacho.

—¡Ah! Tú eres el rapaz que ha venido de la selva, ¿verdad? Pues si tanto sabes llévanos la piel de ese tigre á Khanhiwara, porque el gobierno tiene ofrecidas cien rupias al que lo mate. Pero más vale que te calles y respetes á las personas mayores.

Mowgli púsose en pie para marcharse.

—En tanto rato como estoy aquí escuchando, dijo desdeñosamente, mirando por encima del hombro, no ha dicho Buldeo, hecha una ó dos excepciones, palabra de verdad respecto á la selva, que tan cerca tiene. ¿Cómo voy á creer, pues, esos cuentos de duendes, y dioses, y toda clase de espíritus que él dice haber visto?

—Ya es hora de que el muchacho ese vaya á guardar el ganado, indicó el jefe, mientras Buldeo daba bufidos de rabia al ver la impertinencia de Mowgli.

Es costumbre en las aldeas indias que algunos muchachos lleven el ganado y los búfalos á pacer en las primeras horas de la mañana, volviendo á traerlos por la noche; y los mismos animales que pisotearían á un hombre blanco hasta matarlo, dejan que les golpeen, gobiernen y griten chiquillos que á duras penas les llegan al hocico. Mientras los muchachos no se aparten del ganado están en salvo, pues ni los tigres se atreven entonces á atacar á aquella gran masa. Pero en cuanto se desvían para coger flores ó cazar lagartos corren el peligro de desaparecer para siempre. Pasó Mowgli por la calle de la aldea, al rayar el alba, sentado sobre los lomos de Rama, el gran toro del rebaño, y los búfalos, de un color azulado de pizarra, de largos cuernos colgando hacia atrás y de ojos feroces, se levantaron de sus establos, uno á uno, y le siguieron, demostrando bien claramente Mowgli á los chiquillos que le rodeaban que él era allí el que mandaba. Golpeó á los búfalos con una larga caña de bambú, y dijo á Kamya, uno de los muchachos, que cuidara del ganado mientras él se iba con los búfalos; pero que por nada se alejara del rebaño.

Una pradera en la India es un terreno lleno de rocas, de matojos y de quebraduras, por donde se esparcen y desaparecen los rebaños. Generalmente, los búfalos se quedan en las lagunas y tierras pantanosas, donde se echan, revolcándose ó tomando el sol, metidos en el fango durante horas enteras. Mowgli los llevó al extremo de la llanura, donde el rio Wainganga desembocaba, procedente de la selva, y entonces, apeándose de Rama, corrió hacia un grupo de bambúes, hallando allí al Hermano Gris.

—¡Ah! exclamó éste. Te estoy esperando aquí desde hace muchos días. ¿Y qué significa eso de que vayas con el ganado?