—¡Akela! ¡Akela! exclamó Mowgli, palmoteando. No sé cómo no se me ocurrió pensar que no me olvidarías. Traemos entre manos un trabajo muy importante. Divide en dos el rebaño, Akela. Ponme á un lado á las vacas y terneros, y déjame solos á los toros y á los búfalos de labor.

Corrieron los dos lobos, entrando y saliendo, como por juego, del rebaño, el cual, dando bufidos y levantando á la vez las cabezas, se separó en dos grupos. En uno de ellos las hembras de los búfalos, con sus pequeñuelos colocados en el centro, miraban furiosas y pateaban, prontas á embestir al primer lobo que se estuviera quieto un momento y á quitarle la vida aplastándolo. En otro grupo, los toros y novillos resoplaban también y golpeaban el suelo con las patas; pero, aunque su aspecto fuera más imponente, ellos eran allí los menos temibles, pues no tenían terneros que proteger. Ni seis hombres juntos hubieran dividido tan bien el ganado.

—¿Qué mandas ahora? dijo Akela, jadeante. Intentan reunirse otra vez.

Montó Mowgli sobre Rama y contestó:

—Llévate los toros hacia la izquierda, Akela. Y tú, Hermano Gris, cuando nos hayamos ido, cuida de que no se separen las vacas, y llévalas al pie del barranco.

—¿Hasta donde? dijo el Hermano Gris, jadeando, también, y dando bocados.

—Hasta donde veas que los lados tienen más altura que la que puede saltar Shere Khan, gritó Mowgli. Tenlas allí hasta que nosotros bajemos.

Partieron los toros al oir ladrar á Akela, y quedóse el Hermano Gris frente á las vacas. Embistiéronle éstas, y entonces corrió, siempre delante de ellas, hasta llegar al pie del barranco, mientras Akela se llevaba á los toros hacia la izquierda.

—¡Muy bien! Otra embestida y están ya á punto. ¡Cuidado ahora..... cuidado, Akela! Con que te equivoques y des una dentellada de más, embisten los toros. ¡Hujah! Más pesado es este trabajo que el de acorralar gamos negros. ¿Te imaginaste nunca que animales como éstos pudieran correr tanto? gritó Mowgli.

—Los he cazado..... los he cazado también, en mis buenos tiempos, susurró débilmente Akela, cubierto de una nube de polvo. ¿Los lanzo hacia la selva?