—No le temas, dijo el Hermano Gris relamiéndose un poco. Yo encontré á Tabaqui al rayar el alba. Que les cuente ahora á los milanos toda su sabiduría; pero antes me la contó á mí..... antes de que le partiera el espinazo. El plan que ha tramado Shere Khan consiste en esperarte á la entrada de la aldea, esta noche..... á tí, y sólo á tí. Está ahora echado en el gran barranco seco del Wainganga.
—¿Ha comido hoy, ó caza con el estómago vacío? preguntó Mowgli, porque de la contestación dependía su vida.
—Mató algo al amanecer..... un jabalí..... y también ha bebido. Acuérdate de que Shere Khan jamás pudo ayunar, ni siquiera cuando convenía á sus propósitos de venganza.
—¡Ah, imbécil! ¡Imbécil! ¡Eso es ser dos veces niño! ¡Bien comido, bien bebido, y aún cree que voy á dejarle dormir! ¡Á ver! ¿Dónde dices que se echa? Si fuéramos siquiera diez lo cojíamos y lo arrastrábamos hasta aquí. Estos búfalos no querrán embestirlo como no sientan el rastro, y yo no sé hablar su lenguaje. ¿Podríamos colocarnos detrás de él, de modo que, olfateando, pudieran ellos seguir su pista?
—Siguió á nado la corriente del río Wainganga, para evitar toda posibilidad de que hiciéramos esto.
—Tabaqui se lo aconsejó, estoy segurísimo. Á él nunca se le hubiera ocurrido eso.
Quedóse Mowgli pensando, con un dedo en la boca.
—El gran barranco seco del Wainganga, dijo, desemboca en la llanura á menos de media legua de aquí. Puedo conducir el rebaño á través de la selva, hasta la parte superior del barranco, y luego lanzarlo hacia abajo..... pero entonces se escaparía por la parte inferior. Hay que cerrar ese extremo. Hermano Gris ¿no puedes dividirme en dos el rebaño?
—Yo quizás no; pero he traído conmigo quien me ayude.
Corrió el Hermano Gris y se metió en un agujero. Salió de allí entonces una enorme cabeza gris, que Mowgli conocía perfectamente, y llenó el cálido ambiente el más desolado grito que puede oirse en la selva: el aullido de caza de un lobo resonando en mitad del día.