Brota el llanto de mis ojos, y, sin embargo, río mientras él va corriendo. ¿Por qué?
Hay en mi dos Mowglis; pero la piel de Shere Khan está bajo mis pies.
Toda la selva sabe que he dado muerte á Shere Khan. ¡Mirad!... ¡Mirad bien, lobos!
¡Ahac! Tengo el corazón oprimido por todas las cosas que no llego á entender.
NOTAS:
[6] Esta poesía, sin rimas y sin metro en el original, es, principalmente, una imitación de la manera característica de Walt Whitman, y en ello estriba su sabor primitivo, apropiado aquí, y algo entre homérico y ossiánico.—N. del T.
La foca blanca
¡Duérmete, mi niño! La noche ha llegado,
y negra es el agua que verde brillaba:
la luna, al alzarse por entre las olas,
nos mira en su seno dormir recostadas.
Donde chocan unas con otras revueltas
pon allí tu lecho, ve y allí descansa,
revuélcate á gusto, la cola torciendo:
no ha de despertarte la tormenta airada:
no hará en tí su presa tiburón osado
¡duérmete, mi niño! ¡duérmete en el agua!
¡duérmete al arrullo del mar que te mece!
¡duérmete en los brazos de las olas mansas!