5 Me acordé de los días antiguos; meditaba en todas tus obras, meditaba en las obras de tus manos.

6 Extendí mis manos a ti; mi alma a ti como la tierra sedienta. (Selah.)

7 Respóndeme pronto, oh SEÑOR que desmaya mi espíritu; no escondas de mí tu rostro, y [venga yo a] ser semejante a los que descienden a la sepultura.

8 Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he alzado mi alma.

9 Líbrame de mis enemigos, oh SEÑOR; a ti me acojo.

10 Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú [eres] mi Dios. Tu buen Espíritu me guíe a tierra de rectitud.

11 Por tu Nombre, oh SEÑOR me vivificarás; por tu justicia, sacarás mi alma de angustia.

12 Y por tu misericordia disiparás mis enemigos, y destruirás todos los adversarios de mi alma; porque yo soy tu siervo.

CAPÍTULO 144

1 Salmo de David. Bendito [sea] el SEÑOR, mi roca, que enseña mis manos a la batalla, y mis dedos a la guerra.