2 que se pueda compadecer de los ignorantes y errados, porque él también está rodeado de flaqueza;

3 por causa de la cual debe, así también por sí mismo, como por el pueblo, ofrecer por los pecados.

4 Ni nadie toma para sí la honra, sino el que es llamado de Dios, como Aarón.

5 Así también el Cristo no se glorificó a sí mismo haciéndose Sumo Sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy:

6 Como también dice en otro lugar: Tú eres Sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.

7 El cual en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído por [su] temor reverente.

8 Y aunque era el Hijo (de Dios,) por lo que padeció aprendió la obediencia;

9 en la cual consumado, fue hecho causa de eterna salud a todos los que le obedecen;

10 nombrado por Dios Sumo Sacerdote, según la orden de Melquisedec.

11 Del cual tenemos mucho que decir, y difícil de declarar, por cuanto sois tardos para oír.