En la primera, publicada en Mayo de 1888[36], constan ya los principales hechos sobre que se fundan las leyes anatomo-fisiológicas enunciadas en el capítulo precedente. En efecto; con ocasión del análisis del axon de las células estrelladas pequeñas de la capa molecular del cerebelo, se describe por primera vez el modo real de terminación de las fibras nerviosas en la substancia gris, problema sobre el cual sólo poseíamos soluciones hipotéticas. De esta interesante observación, comprobada después por numerosos autores (Kölliker, van Gehuchten, Retzius, Edinger, v. Lenhossék, Athias, etc.), damos copia en la figura 1, C, correspondiente al cerebelo de los mamíferos. Nótese cómo el cilindro-eje de las referidas células estrelladas pequeñas marcha desde luego en dirección transversal á la circunvolución cerebelosa, describiendo un curso arciforme, y emitiendo numerosas ramas colaterales, caracterizadas por la propiedad de espesarse progresivamente. En fin, tanto el remate de la expansión funcional como sus numerosas proyecciones descendentes, se resuelven en ciertos flecos ó borlas terminales, íntimamente aplicadas al cuerpo de las células de Purkinje, en torno de las cuales generan á modo de nido ó cesta complicados.
Digno de mencionarse es también, por su valor teórico, el encuentro en la capa de los granos de un tipo especial de fibra centrípeta, bautizada con el nombre de fibra musgosa, la cual exhibe, tanto en su cabo final como en sus ramas colaterales (fig. 2, a), ciertas eflorescencias ó rosáceas, de apéndices cortos, tuberosos, libremente terminados. Ulteriores observaciones nuestras pusieron de manifiesto que semejantes excrecencias entran en estrecha articulación con las arborizaciones digitiformes de los granos, arborizaciones descritas también por primera vez, dicho sea de pasada, en la comunicación aludida.
En fin, en el citado trabajo se llama asimismo la atención de los sabios acerca de la existencia en derredor de las dendritas de los corpúsculos de Purkinje y, en general, de toda prolongación protoplásmica, de una especie de vello de finísimos y cortos apéndices (espinas peridendríticas), confirmadas y estudiadas después por numerosos autores.
La segunda comunicación relativa al cerebelo, publicada en Agosto de 1888[37], contiene dos hechos capitales:
a) El descubrimiento del axon delicadísimo de los granos (células pequeñísimas de la zona segunda de la corteza cerebelosa)[38], el cual, según mostramos en la figura 2, d, c, asciende á la capa molecular, donde, á diversas alturas para cada célula, se divide en ángulo recto, produciendo dos sutilísimas ramas orientadas en opuesto sentido (figura 2, e). Estas larguísimas proyecciones, que llamé fibras paralelas, á causa de marchar paralelamente en el sentido de la circunvolución cerebelosa, y por tanto, en dirección normal al ramaje de las células de Purkinje, aparecen en cantidad formidable, rellenan todos los intersticios de la zona molecular y, tras largo é indiviso trayecto, acaban en los extremos de cada lámina. Tan general es su existencia y uniforme su disposición, que se las encuentra casi con los mismos caracteres en toda la serie de los vertebrados, desde el pez hasta el hombre. Constituyen, pues, un factor importante del centro cerebeloso.
b) El otro afortunado encuentro es el de las fibras trepadoras (fig. 3, c). Estos robustos conductores emanan de los ganglios de la protuberancia; invaden el eje blanco central de las láminas cerebelosas; cruzan, sin ramificarse, la capa de los granos; asaltan después el plano de las células de Purkinje, y costean, en fin, el soma y tallo principal de estos elementos, á los cuales se adaptan estrechamente. Arribadas al nivel de los primeros brazos del citado tronco dendrítico, descompónense en plexos paralelos serpenteantes que ascienden á lo largo de las ramas protoplásmicas, á cuyo contorno se aplican, al modo de la hiedra ó de las lianas al tallo de los árboles (fig. 3, a).
Fig. 2.—Corte longitudinal de una circunvolución cerebelosa.— A, capa molecular; B, capa de las células de Purkinje; C, capa de los granos; D, substancia blanca; a, rosáceas de las fibras musgosas; b, soma de las células de Purkinje; c, fibrillas paralelas; d, granos con su axon ascendente; e, división de este axon. (Figura semiesquemática).
Tan afortunado hallazgo, uno de los más bellos con que me agasajó el azar en aquella época fecunda, significaba la prueba terminante de la transmisión de los impulsos nerviosos por contacto. Así lo reconocieron sabios insignes al comprobar, años después, mi descripción de las fibras musgosas y trepadoras.