CAPÍTULO XII
La Sociedad Real de Londres me encarga la Croonian Lecture. — Mi conferencia ante dicha Sociedad. — Banquetes oficiales y otros agasajos. — Visita á los Institutos científicos de Londres y gira á las Universidades de Cambridge y Oxford. — Se me nombra Doctor en Ciencias, honoris causa. — Impresión personal acerca de la ciencia inglesa y la organización de sus Centros docentes.
Allá por Febrero de 1894 llegó á mis manos una comunicación del Dr. Foster, Secretario de la Sociedad Real de Londres, invitándome, por acuerdo de tan ilustre Corporación, á pronunciar el discurso llamado Croonian Lecture. Tratábase de una conferencia sobre asuntos biológicos, remunerada con 50 libras esterlinas, é instituída por cierto sabio inglés con la mira de traer á Londres á un investigador nacional ó extranjero, autor de algún descubrimiento señalado. Prácticas en todo, las Corporaciones científicas inglesas, no se satisfacen con estimular de lejos la investigación personal, adjudicando al conquistador de una nueva verdad el diploma honorífico de rúbrica; desean, además, conocer al autor, oir de sus labios la exposición de sus trabajos y, sobre todo, examinar y comprobar de visu los métodos de indagación con ayuda de los cuales el hecho nuevo fué descubierto. Respondiendo á finalidad tan discretamente utilitaria, las Academias inglesas han creado muchos premios, todos debidos á iniciativa particular.
El acuerdo de la referida Sociedad Real cogióme de sorpresa. Estaba en realidad confundido y avergonzado por la lisonjera invitación, dudando entre aceptarla de plano ó declinarla cortésmente, temeroso de no corresponder de modo decoroso á la honra que se me dispensaba. En disculpa de mis vacilaciones, importa notar que la Real Sociedad de Londres constituye la Institución científica más importante de la Gran Bretaña y acaso de todo el mundo. Á ella han pertenecido los sabios y pensadores más ilustres de Inglaterra. Para un profesor francés ó alemán merecer el título de Fellow de tan prestigiosa Institución, poder añadir en las tarjetas las codiciadas iniciales F. R. S., representa suprema aspiración, de muy pocos satisfecha. Además, la Croonian Lecture había sido siempre encomendada á investigadores de primera fuerza, entre los cuales recuerdo ahora al ilustre Kölliker[127]. En fin, para colmo de contrariedad, una de mis hijas cayó, por aquellos días, enferma de bastante cuidado, y mi instinto de padre se inquietaba, resistiéndose á abandonar á la paciente, no obstante los alentadores vaticinios que, para tranquilizarme, hacía el Dr. Hernando, médico de cabecera y amigo generoso de mi familia, según dejo dicho páginas atrás.
Las piadosas seguridades del compañero, la entereza de mi mujer que me aconsejaba aceptar á todo trance la invitación, una carta sumamente agradable de M. Foster y otra no menos halagadora del profesor Ch. Sherrington, acabaron por decidirme. Este último reclamaba amablemente, á título de neurólogo, el derecho de hospedarme en su casa, á lo que me instó vivamente también el Secretario de la Sociedad Real.
Comencé, pues, en medio de mis inquietudes, á redactar en francés la Conferencia, pues no dominaba el inglés lo bastante para expresarme decorosamente en este idioma; reuní después mis mejores preparaciones del cerebelo, médula espinal, retina, cerebro, bulbo olfatorio, etc., y previa licencia de mis superiores jerárquicos, emprendí el viaje á Inglaterra. Al pasar por París, saludé cordialmente á mi ilustre amigo Mr. Matías Duval y tuve el gusto de conocer personalmente á mi traductor, el Dr. Léon Azoulay, quien, lleno de bondad, revisó y corrigió el dudoso francés de mis cuartillas. En fin, arribado á Londres, púseme á disposición de la Sociedad Real.
Como me anunció ya el simpático Secretario de dicha Academia, la hospitalidad que merecí de Ch. Sherrington y de su admirable compañera fué agradabilísima y llena de atenciones y finezas. No fué menos benévola y cordial la acogida dispensada al modesto investigador español por Mr. Foster y otros ilustres miembros de la consabida Sociedad, entre los cuales recuerdo á Mr. Schäfer, á M. Klein, á Bourdon-Sanderson, á Horsley, á Mott y, en fin, al eximio Presidente Sir W. Thomson (Lord Kelvin), descubridor, según es notorio, de la telegrafía transatlántica, y uno de los hombres más campechanos, sencillos y modestos que he conocido. Á la verdad, la llaneza y cordialidad de trato de aquellos sabios, los más eminentes de Inglaterra; su total ausencia de empaque y de orgullo profesional; la placidez y alegría de sus pláticas privadas, en contraste con la elevación y profundidad de su obra científica, teníanme embobado.
En su hidalga generosidad, Mr. Sherrington, á la sazón profesor de Fisiología en una de las Facultades de Medicina de Londres (creo que en el Bartholomew’s Hospital), tuvo empeño, no solamente en agasajarme y guiarme al través de la formidable Babel inglesa, sino en prestarme eficaz y directo concurso en la preparación de mi Conferencia. Á este propósito, efectuó con los preparados más demostrativos de mi colección, soberbias microfotografías, destinadas á la proyección, amén de proporcionarme todo lo necesario para dibujar en colores varios esquemas de gran tamaño.
Con tales elementos demostrativos, la lección resultó, á despecho de mi emoción, bastante clara y persuasiva. Si no falla mi memoria, fué pronunciada el 8 de Marzo, en el palacio llamado Burlington House, casa social de la Sociedad Real. Comprendió mi discurso lo más fundamental de mis pesquisas en orden á la morfología y conexiones de las células nerviosas de la médula espinal, ganglios, cerebelo, retina, bulbo olfatorio, etc. Y para ponerme á tono con el auditorio, donde predominaban fisiólogos y médicos, y satisfacer al mismo tiempo el gusto inglés, que exige á cada cosa un valor práctico ó doctrinal, terminé mi oración desprendiendo de los hechos expuestos algunas interpretaciones fisiológicas y aun psicológicas más ó menos verosímiles[128]. De ellas trataré en otro lugar.