d) Descripción de un tipo original de la célula nerviosa, hallado en la capa de los granos internos de las aves, modalidad análoga á cierta variedad asteriforme referida ya con ocasión de la retina de los peces (fig. 56, f).

La estructura del protoplasma nervioso y la organización del núcleo neuronal fué también objeto de algunas exploraciones durante 1896. Estas cuestiones palpitaban entonces en todos los laboratorios. Averiguada exactamente la morfología general de la neurona, urgía escudriñar su textura, precisar la urdimbre de que brota y por donde circula el impulso nervioso. Nissl, Dogiel, Levi, Lenhossék, Marinesco, Held, Lugaro, Holmgren, van Gehuchten, etc., etc., habían realizado interesantes hallazgos, empleando la técnica de las anilinas básicas, previa fijación en alcohol (proceder de Nissl), ó la combinación de las anilinas ácidas con las básicas, ó, en fin, variantes del antiguo método de Altmann, etc. Poco pude recoger en este dominio, metódicamente explotado por mis antecesores.

En la investigación aludida[139] se consignan, empero, algunas pequeñas contribuciones al conocimiento de la estructura neuronal:

a) Demostración de la organización esponjosa de los grumos cromáticos de Nissl, y de la continuación de esta esponja con el retículo ó armazón revelado en el resto del protoplasma por las anilinas básicas (fig. 57).

b) Demostración apremiante de la membrana de las células nerviosas de los vertebrados, órgano que había sido sistemáticamente negado por los autores (fig. 58, a).

c) Análisis minucioso de la disposición de la substancia basiófila en diversos tipos de núcleos, tanto nerviosos como neuróglicos.

d) Exploración comparativa de la cromatina protoplásmica (grumos de Nissl) en las neuronas de vertebrados é invertebrados.

Mis funciones de profesor de Anatomía patológica, encargado de los análisis oficiales de las Clínicas y del material de las autopsias, condujéronme á menudo á la exploración y determinación específica de los tumores ó neoplasias. Los métodos de coloración entonces usados, valiosos por muchos conceptos, no me parecían suficientemente gráficos para la enseñanza. Entreguéme, pues, á reiterados ensayos de tintorería histológica, fruto de los cuales fueron varias fórmulas de teñido tricrómico (amarillo, azul y rojo) susceptibles de presentar con matiz diferente los diversos factores histológicos integrantes de los tumores[140]. Una de las fórmulas que tuvo más aceptación entre los sabios fué la llamada proceder tricrómico á base de fuchina básica, ácido pícrico y carmín de índigo. Con ella colóranse, en rojo, los núcleos; en azul puro ó ligeramente verdoso, los haces colágenos, y, de verde claro, ó matices amarillentos ó anaranjados, según los casos, las formaciones epiteliales, etc.

Fig. 58.—Células del ganglio ventral del acústico (bulbo raquídeo).— a, membrana celular.

En posesión de procederes tintóreos singularmente expresivos, me engolfé en el estudio de algunos tumores, particularmente en el análisis del carcinoma, sarcoma, epitelioma, etc. Dos trabajos acerca de este argumento aparecieron en 1896: uno especialmente consagrado al estudio estructural de los tumores epiteliales[141], y otro, destinado á mostrar las defensas locales desarrolladas por el organismo contra la invasión del carcinoma y epitelioma.

El primero encierra las siguientes contribuciones:

a) Se exponen detalles nuevos de estructura del estroma del carcinoma y epitelioma (existencia de fibras de elacina, células conectivas gigantes, corpúsculos cianófilos, etc.).

b) Se describe la repartición en los tumores de las células cebadas de Ehrlich, se descubren sus atmósferas secretorias y se puntualizan sus fases de secreción y excreción. Señálanse además mitosis.

c) Se consigna que las células cianófilas (células plasmáticas de Unna) no son leucocitos emigrados sino corpúsculos jóvenes del tejido conectivo, de cuya proliferación resultaría el estroma de las neoplasias (fig. 59, a, b, c).

(Las células cianófilas, que tanta importancia han adquirido después, siendo objeto de numerosísimas observaciones anatomo-patológicas, fueron descubiertas por mí en 1890, con ocasión del estudio de la estructura del sifiloma y otras neoplasias[142], y por Unna en 1891, que las señaló también, sin conocimiento de mis investigaciones).

d) Se prueba, contra las afirmaciones de muchos autores para quienes tales células derivan de la sangre ó vendrían á ser privativas de las producciones patológicas, que en realidad representan elementos normales y autóctonos del tejido conectivo del hombre y mamíferos superiores.

e) En fin, se consignan nuevas observaciones sobre los cuerpos fuchinófilos de Russell (inclusiones basiófilas enormes en ciertas células conectivas de los tumores, singularmente del papiloma), refutándose la opinión de este autor y de otros, que las diputaban por parásitos, cuando no son otra cosa que granos de las células cebadas de Ehrlich, patológicamente hipertrofiados y alterados en sus apetencias territoriales.

En el segundo trabajo se hace un análisis minucioso de la obra destructora de los leucocitos contra las células epiteliales del carcinoma y epitelioma[143], así como del mecanismo formativo de los globos epidérmicos, los cuales derivan de la acción de los leucocitos, y constituyen un proceso necrobiótico insuficiente, en todo caso, como recurso defensivo eficaz. La llegada al tejido epitelial de los leucocitos sería motivada por la diseminación en el plasma ambiente de materias quimiotácticas elaboradas por el epitelio.