Fig. 72.—Esquema destinado á mostrar el efecto del entrecruzamiento total de los nervios ópticos en un vertebrado inferior (pez, anfibio, reptil, ave ó mamífero de visión panorámica). Obsérvese que, gracias á este cruzamiento, las dos imágenes mentales forman un todo continuo.— O, nervios ópticos cruzados; C, centros ópticos primarios y secundarios; M, vía motriz cruzada; S, vía sensitiva central cruzada; R, raíces motrices de la médula espinal; G, ganglios raquídeos y raíces sensitivas.

Las cosas pasan algo diversamente en los mamíferos, en donde la doble proyección visual copia la misma región del espacio. En dichos animales existe, según es sabido, el cordón homolateral (figura 73, d). Á causa de esta vía óptica, la duplicidad de la sensación visiva, inevitable à priori dado el campo visual común, ha sido ingeniosamente eludida, gracias á la concurrencia en el mismo grupo de pirámides cerebrales, de aquellas fibras ópticas homolaterales y oposito-laterales, correspondientes á puntos homólogos de ambas retinas, y portadoras, por consiguiente, del mismo detalle de la imagen.

Fig. 73.—Esquema destinado á mostrar en el hombre y mamíferos de campo visual común la imagen mental formada por síntesis de las dos representaciones del objeto, transmitidas por ambos nervios ópticos.— d, fascículo óptico homolateral; c, fascículo cruzado; g, ganglio geniculado externo y pulvinar; Rv, región visual del cerebro, con la forma de la proyección mental.

En todo caso, según aparece en la figura 73, la aparición del haz directo no supone abandono de los beneficios del entrecruzamiento; éstos subsisten, porque decusada la vía óptica principal, siempre resulta que la imagen proyectada en el cerebro derecho se continúa con la dibujada en el izquierdo (Rv).

En fin, en la figura 72, M mostramos que el reparto en ambos cerebros de la representación visiva mental (el izquierdo donde se proyectan los objetos situados á nuestra derecha, y el derecho donde se pintan los de la izquierda), ha motivado correlativamente el entrecruzamiento de la vía motriz principal voluntaria, así como el de las vías sensitivas y sensoriales primarias de la médula y bulbo (S). Y esto ocurre tanto en los animales de visión panorámica como en el hombre y primates. La mira perseguida por el organismo ha sido doble: primeramente coordinar en un solo hemisferio cerebral las impresiones sensoriales (acústica, olfativa, visual, táctil, etc.) llegadas por el mismo lado del espacio, á fin de abreviar las consiguientes vías de asociación, y después, y merced al cruce de las vías motrices voluntarias, compensar el efecto de las decusaciones sensoriales para reaccionar predilectamente, con el aparato muscular correspondiente, por el lado de la excitación periférica.

Fig. 74.—Esquema destinado á mostrar las distintas especies de fibras de asociación de la corteza y el camino tomado por los residuos de la sensación para confluir en el recuerdo.— I, imagen mental en el centro cortical de la visión; R, recuerdo archivado en el foco correspondiente de representación; d y c, fibras directas y cruzadas, mediante las cuales la imagen sensorial bilateral es llevada á una región monolateral de la corteza; Rm, región motriz del cerebro; Ro, región de representación óptica; Ra, región de representación acústica; o, región cortical olfativa; Ik, fibras de asociación iconokinéticas; Im, fibras de asociación ideokinéticas; Iioa, fibras de asociación interideales ó acústico-visuales; Iiao, fibras de asociación acústico-olfativas.

En fin, como postulados generales interpretativos de la organización cerebral señalamos estos cuatro: a) Unidad de función espacial, ó sea que cada grupo de neuronas cerebrales corresponde exclusivamente á un punto del espacio y nunca á dos. b) Simetría concéntrica sensorial. Cada hemisferio simboliza una mitad vertical y lateral de la superficie cutánea sensible, incluyendo en ella los sentidos y los aparatos sensibles orgánicos y musculares. c) Ley de asimetría conmemorativa. Las esferas sensoriales y motrices de la corteza cerebral son simétricas, pero no las zonas representativas ó ideales (centros de asociación de Flechsig), las cuales residen íntegramente en cada hemisferio (fig. 74, R). Justifícase así la creación del cuerpo calloso (c) y de otras vías comisurales é intrahemisféricas, destinadas á concentrar en cada foco conmemorativo isodinámico y monolateral los residuos sensoriales brotados de entrambos centros perceptivos.

Sirva de explicación la figura 74, donde mostramos con la disposición probable de los centros perceptivos la justificación teórica del cuerpo calloso.

En la aludida Memoria sobre el kiasma óptico se desarrollan también, por incidencia, algunas consideraciones sobre el posible mecanismo cerebral de la percepción del relieve; y á título de aplicación de las mismas, descríbense algunas pequeñas invenciones estereoscópicas, tales como: cierto aparato destinado á contemplar á distancia el relieve de la doble imagen proyectada por la linterna (aparato fundado en el principio de los prismas de Nicol y de la polarización por reflexión); y determinada disposición mecánica, con igual fin concebida, y destinada á producir eclipses alternativos de la imagen estereoscópica, proyectada en un telón.

Mis ideas sobre el móvil utilitario de los entrecruzamientos alcanzaron éxito lisonjero de publicidad. Extractadas ó reproducidas íntegramente por muchas revistas extranjeras, merecieron además la honra de una buena traducción alemana, bajo la forma de libro, del Dr. Bresler; versión amablemente prologada por el célebre profesor Pablo Flechsig, de Leipzig. No obstante sus defectos, que no desconozco[167], mi teoría sugirió interesantes trabajos. Entre otras investigaciones, provocó la ya mentada de Kölliker[168], rectificadora de anteriores errores; la de Havet[169], francamente confirmatoria, recaída en el kiasma de los crustáceos, y la muy interesante del Dr. Márquez[170], donde los postulados de mi concepción fueron ingeniosa y afortunadamente aplicados al esclarecimiento de los cruces de algunos nervios motores del globo ocular.

Conforme era de presumir, los hechos positivos consignados en mi trabajo acogiéronse con aplauso y apreciáronse en todo su valor por los sabios especialistas. Mas en cuanto á la teoría propiamente dicha, los dictámenes discreparon. Ciertos sabios aprobaron provisoriamente la explicación utilitaria de los entrecruzamientos, en espera de mejor concepción; otros, como Lugaro, la criticaron con respeto, aceptando, empero, algunos de sus postulados y proponiendo otra hipótesis; alguno la rechazó de plano, sin aducir razones serias ni exponer concepción más plausible; cierto médico vienés la encomió hasta la hipérbole, alzando en su entusiasmo al modesto anatómico español á la altura de los más geniales pensadores; en fin, dos sabios, inglés el uno y alemán el otro, publicaron años después mi teoría como fruto de propias meditaciones: género de homenaje que, por involuntario é impersonal, hallé singularmente grato. De cualquier modo, repito, ninguno de mis impugnadores antiguos ó modernos ha logrado imaginar explicación más sencilla y satisfactoria del cruce fundamental de las vías ópticas en los vertebrados inferiores y del cruce parcial de las mismas en el hombre y mamíferos.