«¿No fuera más sencillo —me preguntaba— que cada cordón óptico desembocara directamente en los centros cerebrales de su lado, ya que la impresión recibida por cada retina provoca predilectamente reacciones motrices en las regiones correspondientes de la cabeza, tronco y extremidad superior?»
Pero las incongruencias aparentes continúan en el encéfalo y bulbo. También la vía piramidal del cerebro ó de los movimientos voluntarios, los cordones sensitivos llegados de la médula y del bulbo, los manojos centrífugos nacidos en el cerebelo, se entrecruzan total ó casi totalmente.
¡Y luego, la absoluta generalidad, la irreductible pertinacia de tales decusaciones, iniciadas en los peces y proseguidas tenazmente hasta el hombre!... En realidad, no faltan en ningún animal de visión lenticular, es decir, provisto de ojos sencillos, en los cuales la imagen sintética es proyectada por una lente convergente. Recientemente, hemos reconocido dicho cruce hasta en los cefalópodos, cuyo ojo obedece también á la norma estructural del vertebrado.
«Quizás —discurría— el cruce fundamental de las vías ópticas está fatalmente ligado al mecanismo físico de la visión. Busquemos, pues, en este mecanismo la razón lógica de tal organización. Una vez averiguada, nada será más fácil que explicar, á título de disposiciones compensadoras y correctoras, las decusaciones primordiales de las vías motrices y sensitivas.»
Y dando de mano á otras conjeturas, se apoderó de mí, obsesionante, el siguiente pensamiento: Todo tendría llana explicación, admitiendo que la percepción correcta de un objeto implica la congruencia de las superficies cerebrales de proyección ó representativas de cada punto del espacio. Por tanto, para que la percepción mental se unifique y concuerde exactamente con la realidad exterior, ó, en otros términos, para que la imagen aportada por el ojo derecho, se continúe con la aportada por el ojo izquierdo, es de todo punto necesario el entrecruzamiento lateral de las vías ópticas: cruce total en los animales de visión panorámica; cruce parcial en los animales dotados de campo visivo común.
Los siguientes esquemas explican claramente la precedente teoría.
Fig. 71.—Esquema destinado á mostrar la incongruencia de la proyección mental de las imágenes de ambos ojos, en el supuesto de que no existiera entrecruzamiento de los nervios ópticos.— L, lóbulos ópticos.
El primer esquema (fig. 71) muestra la forma y dirección de la imagen óptica mental, en el supuesto de que no hubiese cruzamiento de los nervios ópticos. La incongruencia de ambas imágenes salta á la vista: la proyectada por el ojo derecho no conviene con la del izquierdo, y sería imposible que el animal pudiera sintetizar ambas imágenes en una representación continua. El horizonte se le presentaría como una vista panorámica formada con dos fotografías: derecha é izquierda, invertidas lateralmente.
Examinemos ahora la imagen mental resultante del entrecruzamiento de los nervios ópticos, entrecruzamiento adoptado por la naturaleza en los ojos lenticulares. La figura 72, C revela con la mayor evidencia que, gracias á dicho cruce, ambas imágenes, derecha é izquierda, se corresponden, componiendo un panorama continuo y desapareciendo la inversión lateral.