Pasado el citado Planchon, y dejando el camino que lleva para la villa de Curicó (el que es casi intransitable, por las muchas nieves y barrancos que se manifiestan á la primera vista), y el que conduce aguas abajo para el Valle Grande, se baja la citada Cordillera con une suavidad inexplicable como cuatro leguas; y de allí bajamos, y pasamos dicho rio, el que dista del otro, como cuatrocientas varas, que es el que viene caracoleando desde el Valle Grande: y de dicho paso bajando siempre como una legua, se halla el Volcancito en que hay dos sitios buenos, hermosos y cómodos para tomar baños. En este corto trecho hay una bajada muy corta pero muy mala, cuyo terreno es de tierra y piedrecitas, de fácil composicion, y de un regular gasto; respecto de que dichos arroyos, jamas podrán impedir el transito del carruage, porque la confluencia de los citados arroyos no tienen peligro algun, y el curso de los dos con una regular corriente.

De esta confluencia, hasta el puesto de D. José Maria Maturana, y tambien hasta el parage que llaman de la Quesera, el camino es malo, pero tambien de fácil composicion, pues que el terreno es igual á los antecedentes con corta diferencia. Es verdad que en todo este trecho no hay ladera, vereda, ni camino abierto; pero como hemos seguido la orilla de dicho rio, no costará una suma y regular, por la mucha facilidad de la obra: es verdad que esta maniobra la debe dirigir un facultativo instruido en el arte, y mas bien prático que teórico: y cuando no sea ingeniero de primer órden, á lo menos que sea de segunda, para poderse manejar, y conducirla con mucha economia y prudencia.

De la Quesera hasta la ciudad de San Agustin de Talca, tampoco hay embarazo alguno, aunque la distancia es casi de veinte leguas, pues que el camino es mejor que el que se transita desde la ciudad de Buenos Aires para la villa de Lujan; y que hay dos pequeños rios y un arroyo que atravesar. Pero con la circunstancia, que en todo el citado camino se hallan poblaciones con un vecindario en general muy humano y caritativo; pues lo manifestaron, no solamente con nosotros, sino con toda la tropa y demas que venian agregados.

Esto es cuanto por ahora debo manifestar á V. E., remitiéndome á mi diario; y como debo regresar por el mismo camino, suplico á V. E. se digne dispensar mi demora, prometiendo dar un exacto cumplimiento á la confianza en que me hallo obligado.—San Agustin de Talca, Mayo 16 de 1805.

Jose Sourryere de Sovillac.

NOTAS:

[1] C. y D. son iniciales de comimos y dormimos.

[2] En este punto se concluye la jurisdiccion de la capital, y comienza la de Córdoba. Advirtiendo que, como llegué tarde, no pude observar la latitud, ni tampoco la pude verificar de noche, por hallase el cielo nublado: por cuyo motivo no pude descubrir estrella conocida.

[3] Desde este parage nos volvimos al fuerte de San José, para proseguir nuestra marcha por otro camino.