La ambición de tal modo le enagena,
Que con el vil temor, ciego, no advierte
Que carga sobre sí la infausta suerte
Quien al justo sentencia á injusta pena.

Jueces del inundo, detened la mano,
Aun no firmeis: mirad si son violencias,
Las que os pueden mover, de odio inhumano;

Examinad primero las conciencias,
Mirad no haga el Juez recto y soberano
Que en la ajena firmeis vuestras sentencias.

XXV.

A la muerte del duque de Veráguas.[G]

Ves, caminante: en esta triste pira
La potencia de Jove está postrada;
Aquí Marte rindió la fuerte espada,
Aquí Apolo rompió la dulce lira;

Aquí Minerva triste se retira,
Y la luz de los astros eclipsada
Toda está en la ceniza venerada
Del excelso Colon, que aquí se mira.

Tanto pudo la fama encarecerlo,
Y tanto las noticias sublimarlo,
Que sin haber llegado á conocerlo,

Llegó con tanto estremo el reino á amarlo,
Que muchos ojos no pudieron verlo,
Mas ningunos pudieron no llorarlo.