Mas ¿cuándo ¡ay gloria mia!
Mereceré gozar tu luz serena?
¿Cuándo llegará el dia
Que pongas dulce fin á tanta pena?
¿Cuándo veré tus ojos, dulce encanto,
Y de los mios secarás el llanto?

¿Cuándo tu voz sonora
Herirá mis oidos delicada,
Y el alma que te adora,
De inundacion de gozos anegada,
A recibirte con amante prisa
Saldrá á los ojos desatada en risa?

¿Cuándo tu luz hermosa
Revestirá de gloria mis sentidos?
Y ¿cuándo yo dichosa
Mis suspiros daré por bien perdidos,
Teniendo en poco el precio de mi llanto?
¡Que tanto ha de penar quien goza tanto!

¿Cuándo de tu apacible
Rostro alegre veré el semblante afable,
Y aquel bien indecible
A toda humana pluma inesplicable?
Que mal se ceñirá á lo definido
Lo que no cabe en todo lo sentido.

Ven, pues, mi prenda amada,
Que ya fallece mi cansada vida
De esta ausencia pesada;
Ven, pues, que mientras tarda tu venida
Aunque me cueste tu verdor enojos
Regaré mi esperanza con mis ojos.

II.

Satisfaccion á unos celos.

Pues estoy, condenada,
Fabio, á la muerte por decreto tuyo,
Y la sentencia airada
Ni la apelo, resisto, ni la huyo,
Oyeme, que no hay reo tan culpado
A quien el confesar le sea negado.

Porque te han informado,
Dices, de que mi pecho te ha ofendido,
Me has fiero condenado;
Y ¿pueden en tu pecho endurecido
Mas la noticia incierta, que no es ciencia,
Que de tantas verdades la esperiencia?