“No sé conqué destino prodigioso
Volví en mi acuerdo y dije: ¿Qué me admiro?
¿Quién en amor ha sido mas dichoso?”
Pero sobre todo, el alma de la jóven está retratada con toda la fuerza del amor concentrado que la abrumaba, en el bellìsimo soneto cuarto, que comienza:
“¡Detente sombra de mi bien esquivo!”
¿Puede espresarse de la manera que lo hace Sor Juana en estos versos quien no se siente penetrado de una vivísima pasion? ¡Oh, no! Si así fuera, tendríamos que convenir con un absurdo, con que el arte que sabe concertar las palabras y producir la armonía, tiene tambien la virtud de arrancar del corazon afectos que no conoce. ¡Oh, no! repetimos; quien pretenda convencernos enséñenos los granos de oro extraidos de una mina de hulla.
Otras veces la poetisa, en aquel estado del alma enamorada en que la sacuden al mismo tiempo el deseo y el temor, la desconfianza y la indecision, pinta los afectos de la pasion con desenfado y melancólica gracia, como en las cuartetas que comienzan:
“Este amoroso tormento
Que en mi corazon se ve,
Sé que lo siento, y no sé
La causa por qué lo siento.
“Siento una grave agonìa
Por lograr un devaneo,
Que empieza como deseo
Y acaba en melancolía.”
En las endechas se siente el mismo calor, se percibe el mismo aroma, se oye la misma voz apasionada. En una de ellas dice:
“De tu rostro en el mio
Haz amorosa estampa,
Y mis mejillas frías
De ardiente llanto baña.”
...........
Recibe de mis labios
El que en mortales ansias
El exánime pecho
Ultimo aliento exhala!”
En los “Sentimientos de una ausencia” y la “Satisfaccion á unos celos,” se miran, prescindiendo de algunos de los defectos de que ya hemos hablado, abundantes oleadas de amor y sentimiento que conmueven y arrebatan. Rasgos como los siguientes hay varios en la primera de esas poesías: