“Si ves el cielo claro,
Tal es la sencillez del alma mia;
Y si, de azul avaro,
De tinieblas se emboza el claro dia,
Es con su oscuridad y su inclemencia
Imágen de mi vida en esta ausencia.

Mas ¿cuándo ¡ay gloria mia!
Mereceré gozar tu luz serena?
¿Cuándo llegará el dia
Que pongas dulce fin á tanta pena?
¿Cuando veré tus ojos, dulce encanto,
Y de los mios secarás el llanto?

Esta composicion nos trae á la memoria la celebrada cancion de Mira de Améscua, que presenta tantos objetos de la naturaleza como símiles de las diversas faces de su triste suerte.

De igual mérito es la segunda de las piezas citadas. ¡Qué pasion, qué ternura tan inocente, qué vigor de espresion la de este par de estrofas!

“Si otros ojos he visto,
Mátenme, Fabio, tus airados ojos;
Si á otro cariño asisto,
Asìstanme implacables tus enojos;
Y si otro amor del tuyo me divierte,
Tú que me has dado vida, me des muerte.

Si á otro alegre he mirado,
Nunca alegre me mires ni me vea;
Si le hablé con agrado,
Eterno desagrado en tí posea;
Y si otro amor inquieta mi sentido,
Sáquesme el alma tú que mi alma has sido.”

Lector, pon la mano sobre el corazon, y si no le sientes agitado despues de la lectura de esos versos, confiesa que le tienes de mármol.

En otras composiciones finge la poetisa el dolor de una mujer que ha perdido á su esposo, y da paso franco á un torrente de llanto y llamas que no puede contener en el propio corazon. Comienza con estos muy significativos y valientes versos.

“A estos peñascos rudos,
Mudos testigos del dolor que siento,
Que solo siendo mudos
Pudiera yo fiarles mi tormento,
...........
Quiero contar mis males, &.”

Espresa luego en medio de un dolor delirante que, para mitigarle con la memoria de algun mal, habria querido que el esposo hubiese sido ménos amable y ménos fiel. Exajeracion hay sin duda en el pensamiento, pero mucha verdad en el modo de espresarlo: