¡Ay dulce esposo amado!
¿Para qué te ví yo? ¿por qué te quise?
Y ¿por qué tu cuidado
Me hizo con las venturas infelice?
¡Oh dicha fementida y lisonjera,
Quién tus amargos fines conociera!

¿Qué vida es esta mia
Que rebelde resiste á dolor tanto?
¿Por qué, necia, porfía,
Y en las amargas fuentes de mi llanto
Anegada no acaba de extinguirse,
Si no puede en mi fuego consumirse?

IV.

Al mismo objeto que la anterior.

Agora que conmigo
Sola en este retrete,
Por pena ó por alivio,
Permite amor que quede;

Agora, pues, que hurtada
Estoy un rato breve
De la atencion de tantos
Ojos impertinentes,

Salgan del pecho, salgan
En lágrimas ardientes
Las represadas penas
Y las ansias crueles.

¡A fuera ceremonias
De atenciones corteses,
Alivios afectados,
Consuelos aparentes!

Salga el dolor de madre
Y rompa vuestras puentes
Del raudal de mi llanto
El rápido torrente.