Y como en un madero
Que abrasa el fuego ardiente
Nos parece que luce
Lo mismo que padece;

Y cuando el vegetable
Humor en él perece
Parécenos que vive,
Y no es sino que muere:

Así yo en las mortales
Ansias que el alma siente
Me animo con las mismas
Congojas de la muerte.

¡Oh! de una vez acabe,
Y no cobardemente
Por resistirme á una
Perezca tantas veces!

¡Oh! caiga sobre mí
La esfera trasparente,
Desplomados del polo
Los diamantinos ejes!

¡Oh! el centro en sus cabernas
Me preste oscuro albergue,
Cubriendo mis desdichas
La máquina terrestre!

¡Oh! el mar en sus entrañas
Sepultada me entregue
Por mísero alimento
A sus voraces peces!

¡Niegue el sol á mis ojos
Sus rayos refulgentes,
Y el aire á mis suspiros
El necesario ambiente!

¡Cúbrame eterna noche
Y el siempre oscuro Lete
Borre mi nombre infausto
Del pecho de las gentes!

Mas ¡ay de mí! que todas
Las criaturas crueles
Solicitan que viva,
Porque gustan que pene!