Retrato de una belleza.

POESIA BURLESCA, IMITADA DE JACINTO POLO.

El pintar de Lizarda la belleza
En que á sí se excedió naturaleza,
Con un estilo llano,
Se me viene á la pluma y á la mano.
Y cierto que es locura
El querer retratar yo su hermosura,
Sin haber en mi vida dibujado,
Ni saber qué es azul ó colorado,
Qué es regla, qué es pincel, oscuro ó claro,
Aparejo, retoque ni reparo.
El diablo me ha metido en ser pintora!
Dejémoslo, mi Musa, por ahora
A quien sepa el oficio...
Mas esta tentacion me quita el juicio!
Y sin dejarme pizca,
Ya no solo me tienta, me pellizca,
Me casca, me hormiguea,
Me punza, me rempuja, me aporrea.
Y tengo de pintar dé donde diere,
Salga como saliere;
Aunque saque un retrato
Tal que despues le ponga, aqueste es gato.
Pues no soy la primera
Que con hurtos de sol y primavera
Echo, con mil primores,
Una mujer en infusion de flores;
Y despues que muy bien alambicada
Resulta una belleza destilada,
Cuando el hervor se entibia,
Si rosa la creyeron, sale endibia.
Mas no pienso robar yo sus colores:
Descansen por aquesta vez las flores;
Que no quiere mi Musa ni se mete
En hacer su hermosura ramillete,
Mas ¿con qué he de pintar si ya la vena
No se tiene por buena,
Si no forma, hortelana en sus colores,
Un gran cuadro de flores?
¡Oh siglo desdichado y desvalido,
En que todo lo hallamos ya servido!
Pues que no hay voz, equívoco ni frase
Que por comun no pase,
Y digan los censores:
“¿Eso? ya lo pensaron los mayores.”
¡Dichosos los antiguos que tuvieron
Paño de qué cortar, y así vistieron
Sus conceptos de albores,
De luces, de reflejos y de flores!
Que entónces era el sol nuevo y flamante,
Y andaba tan valido lo brillante
Que el decir que el cabello era un tesoro,
Valia otro tanto oro;
Y las estrellas con sus rayos rojos
Que aun no estaban cansadas de ser ojos,
Cuando eran celebradas
¡Oh dulces luces por mi mal halladas,
Dulces y alegres cuando Dios queria!,
Ya no las puede usar la Musa mia
Sin que diga severo algun letrado
Que Garcilaso está muy maltratado
Y en lugar indecente.
Mas si no es á su Musa competente
Y le ha de dar enojo semejante,
Quite aquellos dos versos, y ¡adelante!
Digo, pues, que el coral, entre los sabios,
Se andaba con la grana aun en los labios,
Y las perlas de nítidos orientes
Andaban enseñándose á ser dientes,
Y alegaba la concha, no muy loca,
Que si ellas dientes son, ella es la boca;
Desde entónces, no hay duda,
Empezó la belleza á ser conchuda.
Pues ¿las piedras? ¡ay Dios! y qué riqueza!
Era una platería una belleza,
Que llevaba por dote en sus facciones
Mas de treinta millones.
Eso sí era hacer versos descansado,
Y no en aqueste siglo desdichado
Y de tal desventura,
Que está ya tan cansada la hermosura
De verse en los planteles
De azucenas, de rosas y claveles,
Ya del tiempo marchitos,
Recojiendo humedades y mosquitos,
Que con enfado estraño
Quisiera mas un saco de hermitaño.
Y así andan los poetas desvalidos
Achicando antiguallas de vestidos,
Y talvez sin mancilla
lo que es jubon ajustan á ropilla,
O hacen de unos centones
De remiendos diversos los calzones,
Y nos quieren vender por estremada
Una belleza rota y remendada.
Pues ¿qué es ver las metáforas cansadas
En que han dado las Musas alcanzadas?
No hay ciencia, arte ni oficio
Que con estraño vicio
Los poetas, con vana sutileza,
No anden acomodando á la belleza,
Y pensando que pintan de los cielos
Hacen unos retablos de sus duelos.
Pero diránme ahora
Que ¿quién á mí me mete á ser censora?
Pues de lo que no entiendo es grave exceso;
Pero yo les respondo, que por eso:
Pues siempre el que censura y contradice,
Es quién ménos entiende lo que dice.
Mas si alguno se irrita,
Murmúreme tambien; ¿quién se lo quita?
No haya miedo que en eso me fatigue,
Ni que á ninguno obligue
A que encargue su alma:
Téngasela en su palma
Y haga lo que quisiere,
Pues su sudor le cuesta al que leyere;
Y si ha de disgustarse con leello,
Vénguese del trabajo con mordello,
Y allí me las dén todas,
Pues yo no me he de hallar en esas bodas.
Miren, esto de bodas es constante
Que lo dije por solo el consonante;
Si alguno halla otra voz que mas espresa,
Yo le doy mi poder, y quíteme esa.
Mas volviendo á mi arenga comenzada,
Válgame por Lizarda retratada,
Y ¡qué difícil eres!
No es mala propiedad de las mujeres.
Mas ya lo prometí, cumplirlo es fuerza,
Aunque las manos tuerza:
A acabarlo me obligo
Pues tomo bien la pluma, y Dios conmigo.
Vaya, pues, de retrato!
Denme un Dios que socorra de barato.
¡Ay¡ con toda la trampa,
Que una musa de la ampa,
A quien ayuda tan propicio Apolo,
Se haya rozado con Jacinto Polo
En aquel conceptillo desdichado!
¡Y pensarán que es robo muy pensado!
Es, pues, Lizarda... es pues... ¡Ay Dios, qué aprieto
No sé quién es Lizarda, les prometo;
Que mi atencion sencilla
Pintarla prometió, no definilla.
Digo, pues... ¡oh que pueses tan soeces!
¿Todo el papel he de llenar de pueses?
¡Jesus! qué mal empiezo!....
Principio iba á decir, ya lo confieso,
Y acordéme al instante
Que principio no tiene consonante.
Perdonen, que esta mengua
Es porque no me ayuda bien la lengua.
¡Jesus! y ¡qué cansados
Estarán de esperar desesperados
Los tales mis oyentes;
Mas si esperar no gustan, impacientes,
Y juzgaren que es largo y que es pesado,
Vayan con Dios, que ya esto se ha acabado;
Pues quedándome sola y retirada
Mi borrador haré mas descansada.
Por el cabello empiezo, estense quedos,
Que hay aquí que pintar muchos enredos;
No hallo comparacion que bien le cuadre;
Qué para poco me parió mi madre!
¿Rayos de sol? Ya aqueso se ha pasado;
La pragmática nueva lo ha quitado.
¿Cuerdas de arco de amor en dulce trance?
Eso es llamarlo cerda en buen romance.
¡Qué linda cosa fuera
El tomar la ocasion por la mollera!
Pero aquesta ocasion ya se ha pasado,
Y calva está de haberla repelado.
Y así en su calva lisa
La cabellera irá tambien postiza,
Y el que llegue á cogerla
Se queda con el pelo y no con ella,
Y, en fin, despues de tanto dar en ello,
¿Qué tenemos, mi Musa, de cabello?
El de Absalon viniera aquí nacido,
Por tener mi discurso suspendido;
Mas no quiero meterme yo en honduras
Mostrándome entendida en Escrituras.
En ser cabello de Lizarda quede.
Que es lo que mas encarecerse puede,
Y bájese á la frente mi reparo:
¡Gracias á Dios que salgo hácia lo claro!
Que me pude perder en la espesura
Sino saliera por la comisura.
Tendrá, pues, la tal frente
Una caballería largamente,
Segun está de limpia y despejada;
Y si temen por esto verla arada,
Pierdan este recelo,
Que estas caballerías son del cielo.
¿Qué apostamos que ahora piensan todos
Que he perdido los modos
Del estilo burlesco,
Pues que ya por los cielos me encarezco?
Pues no fué este mi intento,
Que yo no me acordé del firmamento,
Porque mi estilo llano
Se tiene acá otros cielos mas á mano;
Que á ninguna belleza se le veda
El que tener dos cielos juntos pueda;
Y ¿cómo? Uno en la boca, otro en la frente.
¡Por Dios, que lo he enmendado lindamente!
Las cejas son agora, ¿diré arcos?
No, que su consonante es luego zarcos,
Y si yo pinto zarca su hermosura,
Dará Lizarda al diablo la pintura,
Y me dirá que solo algun demonio
Levantara tan falso testimonio.
Pues yo lo he de decir, y en esto ahora
Conozco que devéras soy pintora,
Que mentir de un retrato en los primores
Es el último exámen de pintores.
En fin, ya con ser arcos se han salido;
Pero ¿piensan que son los de Cupido?
¿O que son paz del dia?
Pues no son sino de una cañería
Por donde encaña el agua á sus enojos,
Por mas señas, que tiene allí dos ojos.
Esto ¿quién lo ha pensado?
¿Me dirán que esto es viejo y es trillado?
Mas ya que los nombré, fuerza es pintallos,
Aunque no tope verso en qué colgallos.
¡Nunca yo los mentara!
Que quizas al lector se le olvidara.
Empiezo á pintar, pues: nadie se ria
De ver que titubea mi Talia;
Que no es hacer buñuelos,
Pues tienen su pimienta los ojuelos,
Y no hallo en mi conciencia
Comparacion que tenga conveniencia
Con tantos arreboles...
¡Jesus! no estuve un tris de decir soles!
¡Qué grande barbarismo!
Apolo me defienda de sí mismo;
Que á los que son de luces sus pecados,
Los veo condenar de alucinados,
Y temerosa yo, viendo su enojo,
Trato de echar mis luces en remojo.
Tentacion solariega en mí es estraña...
Que se vaya á tentar á la montaña.
En fin, yo no hallo símil competente
Por mas que doy palmadas en mi frente,
Y las uñas me como.
¿Dónde el viste estará y el así como,
Que siempre tan activos
Se andan á principiar comparativos?
Mas ¡ay! que donde vistes hubo antaño,
No hay así como ogaño;
Pues váyanse sin ellos muy serenos,
Que no por eso dejan de ser buenos,
Ni de ser manantial de perfecciones,
Que no todo ha de ser comparaciones;
Y ojos de una beldad tan peregrina
Razon es ya que salgan de madrina,
Pues á sus niñas fuera hacer ultrage
Quererlas tener siempre en pupilage.
En fin, nada les cuadra, que es locura
Al círculo buscar la cuadratura.
Síguese la nariz, y es tan seguida
Que ya quedó con esto definida;
Y nariz torticera tan tremenda
No hay geómetra alguno que la entienda.
Pásame á las mejillas;
Y aunque es su consonante maravillas,
No las quiero yo hacer predicadores
Que digan: Aprended de mí, á las flores.
Mas si he de confesarles mi pecado,
Algo el carmin y grana me han tentado.
Mas agora ponérselos no quiero:
Si ella lo quiere, gaste su dinero;
Que es grande bobería
El quererla afeitar á costa mia.
Ellas, en fin, aunque parecen rosa,
Lo cierto es que son carne, y no otra cosa.
¡Válgame Dios! lo que se sigue ahora.
Haciéndome está cocos el aurora
Por ver si la comparo con su boca;
Y el oriente con perlas me provoca;
Pero no hay que admirarme,
Que ni una sed de oriente ha de costarme.
Es, en efecto, de color tan fina
Que parece bocado de cecina;
Y no he dicho muy mal, pues de salada
Dicen que se le ha puesto colorada.
Miren cómo sé hacer comparaciones
Muy propias en algunas ocasiones.
Y es que donde no piensa el que es mas vivo,
Falta el comparativo;
Y si alguno dijere que es grosera
Una comparacion de esta manera,
Respóndame la Musa mas ufana,
¿Es mejor el gusano que la grana?
¿O el clavel, que si el gusto los apura
Hará echar las entrañas su amargura?
Con todo, númen mio,
Aquesto de la boca va muy frio;
Yo digo mi pecado,
Ya está el pincel cansado;
Pero, pues tengo ya frialdad tanta,
Gastemos esta nieve en la garganta,
Que la tiene tan blanca y tan helada
Que le sale la voz garapiñada.
Mas por sus pasos, yendo á paso llano,
Se me vienen las manos á la mano.
Aquí habrá menester grande cuidado,
Pues ya toda la nieve se ha gastado,
Y para la blancura que atesora
No me ha quedado ni una cantimplora;
Y fué la causa de esto
Que, como iba sin sal, se gastó presto.
Mas puesto que pintarla solicito,
Por la Vírgen, que esperen un tantito,
Miéntras la pluma tajo
Y me alivio un poquito del trabajo,
Y, por decir verdad, miéntras suspensa
Mi imaginacion piensa
Algun concepto que á sus manos venga.
¡Oh! si Lizarda se llamara Menga!
Qué equívoco tan lindo me ocurría,
Que solo por el nombre se me enfría!
Ello fuí desgraciada
En estar ya Lizarda bautizada.
Acabemos, que el tiempo nunca sobra:
A las manos, y manos á la obra.
Empiezo por la diestra,
Que aunque no es ménos bella la siniestra,
A la pintura es llano
Que se le ha de asentar la primer mano.
Es, pues, blanca y hermosa con exceso,
Porque es de carne y hueso,
No de marfil ni plata, que es quimera
Y á una estatua servir solo pudiera;
Y con esto, aunque es bella,
Sabe su dueño bien servirse de ella,
Y la estima bizarra,
Mas que no porque luce, porque agarra.
Pues no le queda en zaga la siniestra,
Porque aunque no es tan diestra,
Y es algo ménos en la lijereza,
No tiene un dedo ménos de belleza.
Aquí viene rodada
Una comparacion acomodada:
Porque, no hay duda, es llano
Que es la una mano como la otra mano.
Y si alguno dijere que es friolera
El querer comparar de esta manera,
Respondo á su censura,
Que el tal no sabe lo que se murmura,
Pues pudiera muy bien naturaleza
Haber sacado manca esta belleza;
Que yo he visto bellezas muy ramplonas
Que, si mancas no son, son macarronas.
Ora falta á mi Musa la estrechura
De pintar la cintura.
En ella he de gastar poco capricho,
Pues con decirla breve, se está dicho;
Porque ella es tan delgada,
Que en una línea queda ya pintada.
El pié yo no lo he visto, y fuera engaño
Retratar el tamaño,
Ni mi Musa sus puntos considera,
Porque no es zapatera;
Pero segun airoso el cuerpo mueve,
Debe el pié de ser breve,
Porque es, nadie ha ignorado,
El pié de arte mayor largo y pesado.
Y si en cuenta ha de entrar la vestidura,
Que ya es el traje parte en la hermosura,
El hasta aquí del garbo y de la gala
A la suya no iguala,
De fiesta ò de revuelta,
Porque está bien prendida, y mas bien suelta.
Un adorno garboso y no afectado,
Que parece descuido y es cuidado;
Un aire con que arrastra la tal niña
Con aseado desprecio la basquiña,
En que se van pegando
Las almas entre el polvo que va hollando;
Un arrojar el pelo por un lado,
Como que la acongoja por copado;
Y al arrojar el pelo,
Descubrir un... Por poco digo cielo,
Quebrantando la ley; mas ¿qué importara
Que yo la quebrantara?
A nadie cause escándalo ni espanto,
Pues no es la ley de Dios la que quebranto;
Y con todo, si á ustedes les parece,
Será razon que ya el retrato cese,
Que no quiero cansarme,
Pues ni aun el coste de él han de pagarme.
Veinte años de cumplir en mayo acaba.
Juana Ines de la Cruz la retrataba.

EPIGRAMAS.

I.

Que te dan en la hermosura
La palma, dices, Leonor;
La de vírgen es mejor
Que tu cara te asegura.
No te precies con descoco
Que á todos robas el alma,
Pues si te han dado la palma
Es, Leonor, porque eres coco.

II.

Porque tu sangre se sepa
Cuentas á todos, Alfeo,
Que eres de reyes; yo creo
Que eres de muy buena zepa;
Y que, pues á cuantos topas
Con esos reyes enfadas,
Que mas que reyes de espadas,
Debieron de ser de copas.