D. Cár.—Calla, necio!

Cast.—Pues ¿será
La primer vez, si lo miras,
Esta que los sacristanes
A los delincuentes libran?

Dª. Ana.—(Ap.) Cárlos es, válgame el cielo!
La ocasion á la medida
Del deseo se me viene
De obligar con bizarrías
Su amor, sin hacer ultrage
A mi presuncion altiva;
Pues amparándole aquí
Con generosas caricias,
Cubriré lo enamorada
Con visos de compasiva;
Y sin dejar la altivez
Que en mi decoro es precisa,
Podré, sin rendirme yo,
Obligarle á que se rinda;
Que aunque sé que ama á Leonor,
¿Qué voluntad hay tan fina
En los hombres, que si ven
Que otra ocasion los convida,
La dejen por la que quieren?
Pues alto, amor, ¿qué vacilas,
Si de que puede mudarse
Tengo el ejemplo en mi misma?
Caballero, las desgracias
Suelen del valor ser hijas
Y cebo de las piedades,
Y así, si las vuestras libran
En mí su alivio, cobrad
La respiracion perdida,
Y en esta cuadra que cae
A un jardin entrad á prisa,
Antes que venga un hermano
Que tengo, y con la malicia
De veros conmigo solo,
Otro riesgo os aperciba.

D. Cár.—No quisiera yo, señora,
Que el amparo de mi vida
A vos os costara un susto.

Cast.—¿Ahora en aquesto miras?
¡Cuerpo de quien me parió!

Dª. Ana.—Nada á mí me desanima;
Venid, que aquí hay una pieza
Que nunca mi hermano pisa,
Por ser en la que se guardan
Alhajas que en las visitas
De cumplimiento me sirven,
Como son alfombras, sillas
Y otras cosas; y ademas
De aquesto, tiene salida
A un jardin, por sí algo hubiere;
Y porque nada os aflija,
Venid y os lo mostraré;
Pero ántes será precisa
Diligencia el que yo cierre
La puerta, porque advertida
Salga en llamando mi hermano.

Cast.—Señor qué cosa tan rica,
Y qué dama tan bizarra;
¿No hubieras (pese á mis tripas,
Que claro es que ha de pesarlas,
Pues se han de quedar vacias)
Enamorado tú á aquesta,
Y no á aquella pobrecita
De Leonor, cuyo caudal
Son cuatro bachillerías?

D. Cár.—Vive Dios, villano!...

Dª. Ana.—Vamos.
(Ap.) Amor, pues que tú me brindas
Con la dicha, no le niegues
Despues el logro á la dicha.

(Vánse. Salen don Rodrigo y Hernando.)