D. Cár.—¡Qué miro! ¡amor me socorra!
Leonor, doña Ana y don Pedro
Son; ¿ves como no era cosa
De ilusion el que aquí estaba?

Cast.—Y de que esté ¿no te enojas?

D. Cár.—No, hasta saber cómo vino;
Que si yo en la casa propia
Estoy, sin estar culpado,
¿Cómo quieres que suponga
Culpa en Leonor? ántes juzgo
Que la fortuna piadosa
La condujo á donde estoy.

Cast.—Muy reposado enamoras,
Pues no sueles ser tan cuerdo;
Mas si hallando golpe en bola,
La ocasion el tal don Pedro
La cogiese por la cola,
¡Estariamos muy buenos!

D. Cár.—¡Calla, Castaño, la boca!
Que es muy bajo quien sin causa
De la dama á quien adora
Se da á entender que la ofende,
Pues en su aprension celosa,
¿Qué mucho que ella le agravie,
Cuando él así se deshonra?
Mas escucha que ya templan.

Dª. Ana.—Cantad, pues.

Celia.—Vaya de solfa.

Coro 1º.—¿Cuál es la pena mas grave
Que en las penas de amor cabe?

Voz 1ª.—El carecer de favor
Será la pena mayor,
Puesto que es el mayor mal.

Coro 1º.—No es tal.