Cast.—Sí, porque la tengo enferma.
D. Ped.—Pues ¿qué teneis en las manos?
Cast.—Hiciéronme mal en ellas
En una visita un dia,
Y ni han bastado recetas
De hieles ni jaboncillos
Para que á su albura vuelvan.
(Dentro don Juan.)
D. Juan.—¡Muere á mis manos, traidor!
D. Ped.—Oye! ¿qué voz es aquella?
(Dentro don Cárlos.)
D. Cár.—Tú morirás á las mias,
Pues buscas tu muerte en ellas!
D. Ped.—¡Vive Dios, que es en mi casa!
(Salen riñendo don Cárlos y don Juan, y doña Ana deteniéndolos.)