Cel.—¿Qué me mandas?

D. Ped.—Toma
La llave de ese aposento
Y avisa á Leonor que salga.
¡Oh amor! que al fin de mi anhelo
Has dejado que se logren
Mis amorosos intentos!

Dª. Leo.—Pues me tienen por doña Ana,
Entrarme quiero allá dentro
Y librarme de mi padre,
Que es el mas próximo riesgo;
Que despues para librarme
De la instancia de don Pedro,
No faltarán otros modos.
Mas subir á un hombre veo
La escalera. ¿Quién será?

[Salen don Cárlos]

D. Cár.—A todo trance resuelto
Vengo á sacar á Leonor
De este indigno cautiverio;
Que supuesto que doña Ana,
Está ya libre de riesgo,
No hay por qué esconder la cara
Mi valor, y ¡vive el cielo!
Que la tengo de llevar,
O he de salir de aquí muerto.

[Pasa don Cárlos junto á Leonor]

Dª. Leo.—Cárlos es [válgame Dios!]
Y de cólera tan ciego
Va que no reparó en mí;
Pues ¿á qué vendrá, supuesto
Que me llevó á mí, pensando
Que era yo doña Ana? ¡Ah cielos!
¡Que me hayais puesto en aquesto!
¡Que estos ultrages consiento!
Mas si acaso conoció
Que dejaba en el empeño
A su dama y á librarla
Viene ahora.... Yo me acerco
Para escuchar lo que dice.

D. Cár.—Don Pedro, cuando yo entro
En casa de mi enemigo,
Mal puedo usar de lo atento.
Vos me teneis....Mas ¿qué miro?
¿Don Rodrigo aquí?

D. Rod.—Teneos,
Don Cárlos, y sosegaos,
Porque ya todo el empeño
Está ajustado, ya viene
En vuestro gusto don Pedro;
Y pues á él se lo debeis,
Desde el agradecimiento,
Que yo el parabien os dé
De veros felice dueño
De la beldad que adorais,
Que goceis siglos eternos.

D. Cár.—[Ap.] ¿qué es esto? Sin duda ya
Se sabe todo el suceso,
Porque Castaño el papel
Debió de dar ya, y sabiendo
Don Rodrigo que fui yo
Quién la sacó, quiere cuerdo
Portarse y darme á Leonor;
Y sin duda ya don Pedro,
Viendo tanto desengaño,
Se desiste del empeño.