El azor un avechuelo,
Una marimanta el sacre,
Un cobarde el tagarote
Y un menguado el gavilane;

A quien no se le da un bledo
De que se prevenga el guante,
Pihuelas y capirote,
Con todos los demas trastes,

Que bien mirados son unos
Trampantojos borëales,
Que inventó la golosina
Para alborotar el aire;

De cuyo antojo quedaron,
Por mucho que lo buscasen,
Sardanápalo en ayunas,
Heliogábalo con hambre.

De él el pobre caballero
Dice que viene al alcance,
Revolviendo las provincias
Y trasegando los mares;

Que para hallarlo, de Plinio
Un itinerario trae,
Y un mandamiento de Apolo
Con las señas de rara avis.

¿No echas de ver, peregrino,
Que el fénix sin semejante
Es de Plinio la mentira
Que de sí misma renace?

En fin, hasta aquí es nonada;
Mas nunca falta quien cante
Daca el fénix, toma el fénix,
En cada esquina de calle.

Es lo mejor que es á mí
A quien quiere encenizarme,
O enfenixarme, supuesto
Que allá uno y otro se sale.

Dice que yo soy la fénix
Que, burlando las edades,
Ya se vive, ya se muere
Ya se entierra, ya se nace;