Que aunque es cantidad tan tenue,
Que apénas es percibida,
Sexquioctava, ó sexquinona,
Son proporciones distintas;
Si la enarmónica ser
A práctica reducida
Puede, ó si se queda en ser
Cognicion intelectiva;
Si lo cromático el nombre
De los colores reciba
De las teclas, ó lo vario
De las voces añadidas;
Y en fin, andar recogiendo
Las inmensas baratijas
De calderones, guiones,
Chaves, reglas, puntos, cifras,
Pide otra capacidad
Mucho mayor que la mía,
Que aspire en las catedrales
A gobernar las capillas.
Y mas si es porque en él la
Bella doña Petronila
A la música en su voz
Nueva añada melodía.
¡Enseñar música á un ángel!
¿Quién habrá que no se ria
De que la rudeza humana
Las inteligencias rija?
Mas si he de hablar la verdad,
Es lo que yo algunos dias,
Por divertir mis tristezas,
Dí en tener esa manía;
Y empecé á hacer un tratado
Para ver si reducia
A mayor facilidad
Las reglas que andan escritas.
En èl, si mal no me acuerdo,
Me parece que decia,
Que es una línea espiral,
No un círculo, la armonía;