A Proserpina en Claudiano
Ni aun me diò gana de verle
La su condenada faz
Llena de hollines y peces.
De Lucrecia la romana,
Aquella beldad valiente,
Persuadiendo honor estaba
A las matronas de allende.
Florinda vana decia
A los moros alquiceles:
“Tanto como España valgo,
Pues toda por mí se pierden.”
Lavinia estaba callada,
Dejando que allá se diesen
Turno y el páter Enéas,
Y despues, ¡viva quien vence!
En Josefo Marïamne,
Al ver que sin culpa muere,
Dijo: “Si me mata Heródes,
Claro es que muero inocente.”
Angélica en Arïosto
Andaba de hueste en hueste
Alterando paladines
Y descoronando reyes.
En Ovidio, como es
Poeta de las mujeres,
Hallé que al fin los pintores
Eran como los quereses;
Y hallé á escoger como en peras
Unas bellezas de á veinte,
A lo de qué quereis, pluma,
Que están diciendo, comedme;
En los prados mas que flores,
En el campo mas que nieve,
En las plantas mas que frutos,
En las aguas mas que peces.
A la rubia Galatea
Junto á la cándida Tétis,
A la florida Pomona,
Y á la chamuscada Céres;