A la gentil Aretusa,
Y á la música Canente
A la encantadora Circe
Y á la desdichada Héles;

A la adorada Corónis,
A la infelice Semele,
A la agraciada Calixto
Y á la jagtante Climene;

Y otra gran tropa de ninfas
Acuátiles y silvestres,
Sin las mondongas que á cuestas
Guardaban los adherentes;

A la desdeñosa Dafne,
A la infausta Nictimene,
A la lijera Atalanta,
Y á la celebrada Asterie;

Y en fin la casa del Mundo
Que tantas pinturas tiene
De bellezas vividoras
Que están sin envejecerse,

Cuya dura fama el tiempo,
Que todas las cosas muerde
Con los bocados de siglos,
No les puede entrar el diente,

Revolví, como ya digo,
Sin que entre todas pudiese
Hallar una que siquiera
En el vestido os semeje.

Con que de comparaciones
Desesperada mi mente
Al viste y al así como
Hizo ahorcar en dos cordeles;

Y sin tratar de pintarte,
Sino solo de quererte,
Porque esta aunque culpa, es culpa
Muy fácil de cometerse;

Y esotro imposible, y culpa,
Y mas que culpa, se temen
De Icaro los precipicios
Y de Faeton los vaivenes.